Carmen Souza

CarmenSouza
“La voz es mi instrumento y el lenguaje también tiene que ser un instrumento.

Carmen Souza es una artista producto del ambiente que vivió, tanto en su casa como en su comunidad. Nacida en Lisboa, pero de familia caboverdiana, acostumbraba a oír también la música de Brasil, de Angola, de Mozambique, de Sant Tomé, porque hay muchos emigrantes en aquella capital. Aunque está encantada por la expansión de la lusofonía por el mundo de la música, ella canta en crioulo. Una mujer comprometida, que repartió el 50% de los beneficios de su anterior álbum, Duo, entre Abraço, una asociación portuguesa que estaba construyendo una casa para niños nacidos con el virus del Sida; y Ceafro, una asociación que Unicef tiene para luchar contra el racismo en Salvador de Bahía. De esto y de muchas otras cosas estuvimos hablando con ella, durante la gira de presentación de su quinto disco, Kachupada.

El primer contacto con la música lo tuvo Carmen Souza con la guitarra de su padre: “Tenía mucha curiosidad y le rompí varias cuerdas”, explica entre risas: “Ese fue mi primer contacto con los instrumentos“. Como en casa de todo caboverdiano, se oía mucha música: “Principalmente de Cabo Verde. A mi padre le gustaba mucho la música instrumental. Oía al grupo Voz de Cabo Verde, a Luis Morais, a Travadinha, grandes nombres… Además mis padres me acostumbraron a ir a la iglesia todos los domingos. Era un ambiente de música, y conocí a Theo Pas’cal, la persona con la que trabajo desde hace doce años (…) A partir de ahí comencé a explorar mucho más, a tocar la guitarra y el piano también. Él tenía muchos discos de jazz, vinilos de Charles Mingus y Bill Evans, que nunca había oído, y fue amor a primera vista. Empecé a oírlos y oírlos, y ahora tengo yo una colección de vinilos, porque me gusta mucho”. Respecto a su compañero musical, uno de los bajistas más prestigiosos de todo Portugal, lo considera fundamental en su trayectoria: “Siempre digo que el proyecto se llama Carmen Souza, pero es un proyecto con dos cabezas. No puede haber Carmen Souza si no hay Theo Pas’cal. Porque él estaba en el inicio de todo; fue él quien me ha dicho que debería hacer algo (…) A partir de ahí comencé a buscar esto”. Una música que cada vez la acerca más al jazz: “Porque es algo que estoy buscando. Cuando estoy componiendo no estoy pensando, un poquito de jazz, un poquito de sal, ¿no? (risas) Es casi intuitivo; porque son mis influencias y el sonido que me llega al oído. Escucho mucha música, y esto me influencia, y entonces sale una mezcla que no puedo decir qué tenga una parte más de aquí o más de allá. Es muy interesante porque son dos mundos que se juntan y se mezclan muy bien. Estuve estudiando un poco la música antigua de Cabo Verde; y como los primeros esclavos que salieron para ir a las costas de América fueron los de Cabo Verde, existe mucha relación entre los espirituales y la música antigua, mucho antes del jazz, y la que se cantaba en los campos, con las escalas pentatónicas; y también el tipo de mensaje. No son dos mundos diferentes uno de otro”. Tanto es así que Carmen Souza incluso se atreve a incorporar ritmos de su país en estándares de jazz: “Sí, sí, en Donna Lee, le quité el ritmo bee bop y le puse un funaná, que es un ritmo muy rápido, tradicional de Cabo Verde, y le añadí una letra en crioulo, también, porque estuve buscando una letra de ese tema y no existe, porque la melodía es muy difícil y muy rápida”. Una forma de entender la música que la avoca a la improvisación: “En los conciertos, la música toma dimensiones diferentes, porque la improvisación permite una creación a tiempo real”. La creación que, para ella, tiene como instrumento, además de la guitarra y el piano, la voz, que potencia cantando en crioulo: “Es mi instrumento y el lenguaje también tiene que ser un instrumento. El crioulo me facilita mucho eso. Porque son diez islas que hablan el dialecto, porque la lengua oficial es el portugués; y, de una isla a otra, tiene varios acentos diferentes, y entonces puedo jugar también con eso, con palabras, expresiones, dependiendo del sonido que quiero conseguir”.

Carmen Souza, nos comentaba su primer contacto, de niña, con el archipiélago: “Fue todo un choque, porque yo vivía en Europa acostumbrada a todas las comodidades: quieres agua, abres el grifo y ahí está, quieres luz, quieres televisión, quieres lo que quieras. Y llegué a la isla de mis padres y es completamente diferente. Pero me gustó mucho. (…) Recuerdo que no quería volver. Mi madre tuvo algún problema para sacarme de allí (risas) Porque la naturaleza, todo, es deslumbrante”. Un viaje que ha repetido otras veces: “Sí, sí, estuve en abril, en el Kriol Jazz Festival (…) Das una oportunidad a las personas de Cabo Verde de saber algo de lo que pasa fuera de las islas. Y había también una oportunidad de la Berklee, la escuela de música de jazz, de abrir una sucursal allí, porque hay tantos músicos, tantos músicos, y no tienen la facilidad de ir a Boston para estudiar. Lo acostumbro a decir también: existen tantos guitarristas, tantos compositores, tantos cantantes, que son hombres, de los que no se oye hablar, y no salen para afuera; solo se oye hablar de las cantantes; y hay una razón para eso. Creo que las personas, hablando tal vez de promotores o algo más, están queriendo tener también algo más que música, tener algo bello en el escenario, y esto no es arte puro. La imagen se vuelve más importante que el arte. Esto no puede ser. Estas dando lugar a otras cosas que no tiene que ver con el arte, ¿no? Yo cuando estoy en mi casa, con mis instrumentos, con mi piano, con mi voz, con mi guitarra, no estoy pensando en eso. Es un poco triste. No quiero decir que la belleza no pueda estar también asociada al talento, que está, está, pero muchas veces no hay oportunidades para todos. En el fado pasa lo mismo”. “Todas han de ser muy guapas”, comentamos, y se ríe.

Carmen.SouzaVolvemos a la música de Cabo Verde, y dice no estar de acuerdo en que la magnitud de la figura de Cesaria Evora haya hecho sombra a otros cantantes: “¡No…! porque cuando empecé a tocar, siempre fui muy bien recibida, y Cesaria estaba activa, haciendo su música. Las personas identificaban a Cesaria Evora como la gran artista de la música de Cabo Verde, pero siempre estuvieron también abiertas a recibir algo más. No puedo creer que ahora que Cesaria se fue, tengamos más oportunidades, porque nosotros, hijos de la diáspora, hacemos música con una identidad tan propia… Unos va a buscar más de sus influencias que los acerca a Brasil y Cabo Verde, otros van a buscar más la tradición verdadera, otros… No sé, cada uno es diferente”. Cree, además, que era una cantante que no puede tener sustituta: “¡No, no…! Todo el mundo me pregunta: Ahora quien va a ser… No se puede sustituir a las personas. Cesaria es Cesaria, Ella Fitzgerald es Ella Fitzgerald, Billie Holiday… Tenían su propia identidad, y por eso eran quienes eran“.

Queremos repasar con Carmen Souza su trayectoria discográfica, y, al proponérselo, nos hace una especie de declaración de principios, hablando de los discos: “La finalidad es la música. Lo que estoy haciendo en el momento. Yo digo que mis discos son casi cuadros de mi vida. En cada disco identifico pasajes de mi vida, de mis experiencias. Hoy en día, los discos son casi una tarjeta de visita, como una excusa para poder ir por todo el mundo, porque llevas música nueva que no se oyó el año anterior. Casi se ha perdido aquel culto del vinilo que era una pieza de arte que comprabas y que adorabas. Hoy es casi una herramienta de trabajo que todos los años el mercado te dice que tienes que lanzar, para que puedas hacer las giras y la prensa tenga también algo de qué hablar, porque si ya te hablé el año pasado sobre Kachupada, este año no hay nada de qué hablar, este año tendré que volver: ¡Con una paella! (risas)”, dice en referencia a la kachupa, que nos comentará luego.

Su primer disco Ess ê nha Cabo Verde, dice: “Fue casi un juego. Theo y yo, estábamos explorando diferentes sonidos y empezamos a hacerlo. En todos los discos que hemos hecho, no hay preproducción, porque hemos visto que las cosas se pierden, la naturalidad, la espontaneidad… Está fue la primera de las experiencias. Empezamos haciendo las cosas sin pensar si se iban a hacer grandes tirajes, si íbamos a vender muchos, si íbamos a pasar a alguna editora… ¡Vamos a hacer música! Y empezó a evolucionar cada vez más y fue así, una experiencia, un juego”. Un juego que, a pesar de todo, la llevo hasta el Womad: “Este disco fue en ¿dos mil cinco? Después estuve viviendo un tiempo en Inglaterra y la BBC me invito a un escenario que tenía en el Womad. Esta fue la primera actuación de mi carrera. Una buena manera de empezar, un campo grande, a mediodía, con 3.000 personas, estaba: “¡Dios mío! ¿Qué es esto?” (risas) Fue muy bonito”.

En 2008 lanza su segundo trabajo, Verdade: “Fue una evolución del anterior en la que empecé a explorar más los sonidos de mi voz, porque en Ess ê nha Cabo Verde, mi voz era muy de niña, y empecé a explorar también la parte grave, jugando un poco con los timbres; y a introducir un poco más de jazz”.

Y llega el tercer álbum en 2010: “En Protegid quisimos también trabajar a fondo con los arreglos. Usar muchos instrumentos, casi una orquesta. Y es interesante también para un músico, pasar de momentos en los que utilizas mucha instrumentación, y en el próximo trabajo pensar que no necesitas tanta. Son siempre evoluciones, experiencias con las que vamos aprendiendo”. Justamente en este álbum hay un tema de Horace Silver, autor que, nos explica, es de procedencia caboverdiana: “Mucha gente no lo sabe. Cuando canto Song for my father en los conciertos y digo que Horace Silver tiene origen caboverdiano, toda la gente: “¿Qué?” (risas) Porque su padre era de Ilha de Maio. Su nombre es Horacio Silva. En los EE.UU. los caboverdianos (…) se cambian los nombres, porque es muy complicado (risas)”. Además de la colaboración indirecta de Horace Silver como compositor, también contó con otros grandes músicos: “Omar Sosa es un músico que no se pone barreras. Hace lo que quiere. Es muy bueno. Y quería estar con un músico que quisiera traspasar fronteras. También con Marc Berthomieux, que es un músico estupendo, y Adel Salameh al que ya conocía. Fuimos a un festival de Word Music en Ulsan, y fue muy divertido, porque cuando volvíamos hacia Londres perdimos la conexión para Europa en el aeropuerto de Seul, y no había vuelos todos los días, y el grupo de músicos, que éramos 30 o 40 personas, nos quedamos en el aeropuerto durante tres o cuatro días. Allí es donde empezamos a hablar con él, de una posible colaboración”.

Posteriormente Carmen Souza y Theo Pas’cal protagonizan su cuarto disco del que hemos hablado, Duo, con ellos dos como exclusivos protagonistas: “Es casi el inicio de todo, porque las músicas empiezan conmigo y con Theo, en la guitarra o en la melodía del bajo, o como sea. Queríamos traer a las personas al estudio donde todo empezó, y grabamos el disco en vivo, en Green Note, en Londres. Fue una experiencia muy interesante”.

Y llegamos a su último trabajo, Kachupada: “Kachupada es cuando toda la gente se junta para comer el plato tradicional que es la kachupa. La kachupa tiene tantos ingredientes: frijoles, maíz, legumbres, carne o pescado… Y yo considero mi música hecha también con varios ingredientes. Y como la kachupada busca provocar la unión, quise crear un paralelismo entre la música y la kachupada”. Y sin quererlo, les salió un disco casi capicúa: “Fue interesante, porque no habíamos pensado en esto, pero el disco comienza con una mañana y termina con un nuevo día”. La primera canción: “Manhã  1 Dezembro, habla del despertar de una ciudad, que se pone en movimiento, y los niños van hacia la escuela, y hay una fuerza, una energía para enfrentase con el día y todo lo que viene”. Después viene Donna Lee, un tema compuesto por Miles Davis al que, ya hemos dicho, le cambió el ritmo y le añadió una letra: “Es la historia de una mujer que tenía el sueño de ir a los EE.UU. que vivía en Cabo Verde, que andaba con los pies descalzos, que no tenía nada; y le surgió la oportunidad de ir a América y se olvidó de lo que había pasado, de su casa, de sus hijos, y pensó que era la reina del mundo, pero en realidad era la reina de su propio “quintal”, porque lo perdió todo y volvió a casa después de una lección de humildad”.

Luta es un tema fundamental del trabajo: “Lo que queremos decir es que todos, y nosotros también, deberíamos luchar y continuar. Esta es casi la máxima que une todo el disco, porque pienso que un músico trabaja todos los días en algo que no ve, entonces es una inversión personal a muchos niveles; y, es mi opinión, creo que hay que continuar luchando y hacer lo que realmente te hace feliz, para poder triunfar”. Otro estándar, My Favourite things, más cercano a la interpretación de John Coltrane que a la de Julie Andrews: “Es el gran clásico al que también le hice una versión más cercana a la realidad cabo verdiana. Le puse un ritmo batuku, que es un ritmo que normalmente las mujeres tocan situadas en círculo, hablando de sus historias. Una mujer canta y las otras repiten, y golpean sobre unos cojines, un instrumento de percusión muy rudimentario (risas)

Viene luego la canción Ivanira: “La grabó Luis Morais, allá en los años 50 o 60, y ya tiene, por sí misma, un ambiente muy brasileño, porque él pasó mucho tiempo en Brasil. Es muy interesante ver sus influencias”. En cuanto a Xinxiroti: “Es el nombre de un pájaro, porque, en Londres, empiecé a tocar la guitarra y a cantar, y tengo unos pajaritos muy bonitos que se pusieron a cantar más alto y más alto, y entonces les dediqué una canción a ellos también (risas)”. Sobre Terra Sab: “Es una canción sobre Cabo Verde. Sobre las imágenes que tengo de cuando fui allí. Las cascadas, la vegetación, la kachupa, los juegos de los niños, la playa y todo lo demás”.

Origen: “Es un interludio en el que grabé a mi padre, contando la historia del siguiente tema 6 on na Tarrafal, que es la que está tocando con la guitarra. Lo grabé un poco escondida para que no lo supiese. Después lo ha oído cuando ya estaba aquí (risas). Mi padre me ha dicho que un amigo suyo ha pasado seis años en la prisión política de Cabo Verde, Tarrafal, aunque era inocente, y que pidió que le abriesen las puertas para poder decir adiós a su madre, pero no quisieron, y su madre falleció. Y decía: “¡Por favor!, Déjenme decir adiós a mi madre, por última vez…”.

El tema Vida facil: “Habla del ser humano queriendo tener una vida fácil. En vez de construir una casa por los cimientos, empieza por el tejado. También digo que toda la gente quiere ir al el cielo, pero nadie quiere morir”. Mientras que Tchega: ”Habla de cuando estamos haciendo una travesía, un viaje, y nuestra concentración está en el destino, pero no aprovechas todos los momentos del viaje. Es como la vida, que la pasas pensando en el ideal, pero no aprovechas lo que está pasando”. Y tras Koladjazz: “Una mezcla de koladera con jazz, que compuse con el piano”; se cierra el círculo con Novo dia: “Ahora que estamos descansados, vamos a pensar en un nuevo día que vamos a empezar y a intentar hacer algo diferente (risas)”.

Es un placer hablar con esta mujer que transpira alegría, sinceridad y compromiso; que hace una música extraordinaria, pero sin darse importancia; que acaba de llegar ahora mismo a Barcelona, ¡en furgoneta!, desde Madrid; y a la que espera una emisora de televisión para entrevistar, y el grupo para hacer las pruebas de sonido de un concierto que empieza en menos de una hora. Así y todo, somos nosotros los que acabamos la entrevista, porque su generosidad es inmensa. Nos preparamos para su actuación en Jamboree. Al acabar, como ya intuíamos, confirmamos que si en disco nos había encantado, en directo Carmen Souza, junto a su inseparable Theo Pas’cal, y, en este caso, Filipe Melo  al piano, Elias Kakomanolis a la percusión, es, simplemente, una maravilla. + Info | Relacionados | Escucha el programa 1ª parte | 2ª parte | Federico Francesch | DESAFINADO RADIO