Carla Bley

carla-bley.jpg Carla Bley
Carla´s Christmas Carols
WATT, 2009

El tándem jazz & carols es, como el belén y las bolas del árbol, un aderezo casi obligado en toda cena familiar en las fiestas que se avecinan. De esa feliz combinación han surgido muchos clásicos productos claramente oportunistas que van desde lo más pastelón (Al Jarreau, Kenny G, Harry Connick Jr.) hasta lo más esperpéntico (Brian Setzer, Béla Fleck o Vince Guaraldi Trio -para la serie animada de Charlie Brown-). Que sea ahora Carla Bley quien se atreva con ello no debería considerarse tampoco una excentricidad, pues el suyo es un nombre a menudo incluido en discos temáticos de difícil clasificación –Amarcord Nino Rota (Hannibal, 1991), Lost in the Stars: The music of Kurt Weill (A&M Records, 1985), That´s the way I feel now: A tribute of Thelonious Monk (A&M Records, 1984), todos ellos producidos por el visionario Hal Willner-. Sin embargo, las labores de Carla Bley nunca han sido las de mera intérprete. En literatura, el traductor puede usar su talento para conferirle una nueva pátina a una obra pretérita. Ese es el cometido del músico que transcribe una partitura para adaptarla a sonoridades modernas o a un conjunto instrumental distinto al habitual: piénsese por ejemplo en Schoenberg/Mahler; Busoni/Liszt; Gould/Wagner; etc. He ahí el principal arte de Bley, capaz de darle la vuelta como a un calcetín a una pieza ajena. Algunas de las que se reúnen en esta particular colección de villancicos forman parte del más íntimo tradicionario occidental y de la psicología popular de medio mundo –O Tannenbaum, Joy to the World, Jingle Bells…-, pero Bley y su ensemble visten con sutiles retorcimientos los modelos originales, planteando una deconstrucción posmoderna como las que suelen ofrecer John Zorn o Uri Caine. Desprendidos de religiosidad y buscando en todo momento el lado más amable del género, los villancicos de Bley (dos son de su propia autoría) se convierten en el fondo musical idóneo para acompañar un cinematográfico beso bajo el muérdago en la noche de Fin de Año, conducir entre luces de neón hasta el alba durante la víspera de Navidad o ver a los niños jugar con la nieve en el patio trasero de casa, mientras se atiza el fuego en la chimenea del salón. Amenizado con detalles de varios frescos alusivos a la Anunciación, la Natividad y la Adoración del Niño Jesús, el disco contiene varios momentos de intensa belleza: Away In A Manger de James R. Murray con la sensibilísima intervención de Steve Swallow en las cuerdas, los románticos arreglos valseados de O Holy Night (¡qué hermosura!) o los aires barrocos que aporta el quinteto de vientos de Ed Partyka en King Christmas Bells, firmado por Mykola Leontovich. El resultado sería perfecto si además sirviera de colchón para la voz rota de un apropiado cuentista navideño como Tom Waits. ¿Para cuándo un disco de villancicos del maestro?. Relacionados. InfoWeb // Iván Sánchez Moreno