Cançons de bressol

Bressoles
Carme Riera

Cançons de Bressol
Edicions 62, 2011

Las canciones de cuna han mecido al ser humano desde el albor de los tiempos. Presuntamente, las nanas –también conocidas como “cançons de non-non” o “vou-veri-vou” en la cultura catalana– heredan su nombre de la hora nona, que equivaldría al momento de la siesta. La catedrática de la Universitat Autònoma de Barcelona Carme Riera –autora de aquel sensible Et deixaré la mar com a penyora (Laia, 1975)– prologa y compila esta exhaustiva antología de nanas catalanas acompañada de un CD con interpretaciones del dúo Samfaina de colors, compuesto por Mirna Vilasís y Xavi Múrcia –cuyos nombres ya asomaron en anteriores trabajos de Jordi Batiste, Marcel Casellas o Les Violines, entre otros–.

La mayoría de nanas que se han conservado con el paso del tiempo fueron transmitidas por tradición oral y creadas por madres anónimas, las cuales se servían de una tonada repetitiva y cadenciosa que, formalmente relacionada con el gesto del balanceo, provocaban el sueño del infante. No resulta descabellado ver en la canción de cuna una derivación de las canciones de trabajo, como las que se cantaban durante la siega, la colada o el acarreo de agua de la fuente, por ejemplo, siguiendo rítmicamente los movimientos del cuerpo. Temáticamente, sin Bressoles-picembargo, las nanas también se ligaban a los villancicos navideños (Què li darem, an el Noi de la Mare), sobre todo por referirse a menudo a la Virgen María y al niño Jesús como analogía y, asimismo, como invocación y protección contra la enfermedad y la penuria (El fillet malalt). No obstante, Carme Riera introduce otras letras menos conocidas pero todavía más interesantes, de tono lúgubre, en las que el sueño y la muerte cobran una afinidad inquietante. Títulos como La non-non de la morta, Nana del nen mort, Jo tinc una Mort petita o El bressol negre no dejan lugar a dudas. Otros poemas, en cambio, están dedicados a niños abandonados o refugiados de guerra.

Pero no todos los versos son tan lapidarios (y nunca mejor dicho). También se incluyen otros cargados de esperanza como el que firma Jacint Verdaguer (Per què canten les mares?), o que ponen letra a músicas previas, como hace Joan Maragall con una composición de Grieg. Los hay protagonizados por niños y niñas reales (Ona, Poniegú, La nena Aleida, Anna dorm, Dorm, Joana) o irreales (como la nana que Anna Aguilar-Amat dedica a su muñeca Barbi), o animalejos y otras mascotas: una rana, unos pajaritos, ¡y hasta un eucalipto!

Ornado por las ilustraciones de Josep Solé Baños, el libro reúne casi un centenar y medio de poemas catalanes anónimos o de autoría conocida –Joan Amades, Apel·les Mestres, Dolors Miquel, Salvador Espriu, Joan Brossa, Enric Casasses, Carles Riba, Joan Margarit, Jordi Valls, Àlex Susanna, Miquel Martí i Pol, etc.–, muchos de ellos inéditos. El conjunto se completa con una docena de canciones de los dos miembros de Samfaina de colors, Tralla y La Cobleta de la Selva citados antes. Su propuesta, a medio camino entre la canción infantil –Ralet, ralet (Discos a mà, 2001), Nou pometes té el cançoner (Discos a mà, 2003), De bracet (Discos a mà, 2009)– y el folk-rock –Cançons de ronda (Actual Records, 1995), Com l’olor de la terra molla (Actual Records, 1997), Cançons d’aquell temps (Actual Records, 1998), Fruita del temps (Discos a mà, 2001), El comte Arnau (Discos a mà, 2003), Mirna (World Village / Harmonia Mundi, 2009)–, tiene en los juegos de voces y una técnica muy imaginativa con guitarras y mandolinas (ocasionalmente secundados por acordeón y contrabajo, como en L’amor és nit) sus principales bazas. Musicalmente se colocan entre los mundos oníricos de Roger Mas o Eduard Iniesta y las texturas atmosféricas al estilo de John Parish o Fang, como en el corte que abre el disco (Soneta vine’m a l’ull). Un disco-libro que amenizará las veladas de los niños en boca de sus progenitores, pero que los papás y las mamás se llevarán a su propia mesita de noche para leer antes de acostarse. | + Info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno