Brossa Quartet / Cançons dels brigadistes

Brossa-Quartet-BrigadistesBrossa Quartet
«Cançons dels brigadistes»

Temps Record, 2010

Tuvieron que ser acercamientos ajenos y tardíos desde el jazz y el punk (Carla Bley, Charlie Haden, The Ex…) los que dieran a la canciones de lucha obrera y del bando republicano español el valor estético que se merecían. De un tiempo a esta parte, el reconocimiento cultural está poniendo las cosas en su sitio, más allá de los prejuicios ideológicos. Siguiendo una continuidad lógica con respecto a su anterior y excelente disco –Músiques de l’Holocaust (Temps Record, 2008)–, el Brossa Quartet recupera para la ocasión una quincena de estos himnos popularizados durante la guerra civil y la postguerra (y otras que, como la celebérrima Ay Carmela, ya fueron antes utilizados por la resistencia antinapoleónica). Secundado por un percusionista y el fiel escudero Gregori Ferrer en el acordeón, al Brossa Quartet se une además la portentosa voz de Marta Valero y las colaboraciones puntuales de Oleguer Aymamí en el cello solista y Roger Mas en la anticlerical El Gall Negre.

Cançons dels brigadistes nace con voluntad de proyección internacional, combinando géneros patrios y foráneos –tango, rumba, copla andaluza, jazz manouche, jota asturiana, disonancias atonales, marcha militar y canción protesta (incluyendo un tema de Mikel Laboa dedicada a los vencidos)–, pero no pretende servir un mero escaparate de muestras, sino una readaptación de piezas que, a su vez, eran reinvenciones populares sobre canciones de moda, en una suerte de sampler anónimo y adelantadamente posmoderno. Desde Anda jaleo a la citada Ay Brossa-Quartet-picCarmela, pasando por el Himno de los Brigadistas Internacionales y las clásicas Bella Ciao y A las barricadas, los arreglos de cámara del cuarteto confieren al repertorio escogido una pátina de fina elegancia a lo que originariamente eran cantos de rabia, sangre, barro y hambre. Podría criticarse que aborden los temas con cierta frialdad, pero la emoción queda aquí revestida de preciosidad formal. Es a través de ella cómo consiguen prender la llama del sentimiento. Como ejemplo sirvan los títulos de la Elegia per a un segador que cierra el disco, compuesta a partir de una muy libre interpretación del Cant dels segadors; la reconvertida canción infantil de El turururú, en una versión que literalmente pone los pelos de punta; o la sátira de Los cuatro muleros cuyo texto original alude a los generales Mola, Sanjurjo, Queipo de Llano y a ese otro que salía en los sellos de peseta y de cuyo nombre no quiero acordarme.

La música, que es un bien cultural del que beben todos los pueblos del mundo, no supo nunca en la historia de fronteras claras entre naciones. Las canciones de los soldados republicanos no fueron ajenas a estas influencias que los brigadistas trajeron consigo. Así, no es nada raro escuchar versos de Lorca y Sánchez-Ferlosio entre himnos de otros lares, sean italianos, alemanes o polacos, hits de Carlos Gardel o canciones de ronda (como Dime donde vas, morena). En todos los lugares del mundo, por desgracia, los ecos del silencio devuelven los gemidos de moribundos, huérfanos y viudas de la guerra. Trabajos como éste nos recuerdan que bajo estos suelos yacen nuestros abuelos que por poco menos de una ilusión perdieron la vida, sino la esperanza. Porque la guerra no produce nunca vencedores y vencidos, sino víctimas y verdugos. Un extracto del Homenaje a Catalunya de George Orwell (1984, Rebelión en la granja) en la carpetilla del disco describe una contienda absurda, como todas lo son. Pues, como advirtió el escritor inglés, ante el dolor no existen los héroes, tan sólo los mártires. //www.brossaquartet.com // Iván Sánchez Moreno