Brian Bromberg

brian-bromberg.jpg Brian Bromberg
"It Is What It Is"
Artistry Music / Distrijazz, 2009

Brian Bromberg pertenece al club VIP de los acróbatas de las cuatro cuerdas. Este musicazo puede codearse sin vergüenza alguna con John Patitucci, Gary Willis o Victor Bailey, virtuosos que se decantan por el jazz de fusión, y terreno en el que se mueve It is what it is. No está de más anotar que hace unos años Brian dedicó uno de sus discos a revisar el repertorio del malogrado Jaco Pastorius, alma mater del género. Con lo que quedan claras cuales son las filias de este mago de las cuatro y cinco cuerdas. Amigo de los fuegos artificiales y el exhibicionismo, el músico norteamericano muestra su ambivalencia tanto en el bajo eléctrico como con el acústico. En esta grabación saca del armario instrumentos de cuatro y cinco cuerdas, fretless bass (bajos sin trastes) y piccolos (bajos afinados con una octava por encima de la nota). Y como nota novedosa hace uso de del bajo B2, diseñado por el mismo, y fabricado a mano por el luthier Bob Mick, de Arizona.  Por si fuera poco invita a sus amigotes a la fiesta. Aquí se pasean leyendas de la talla del teclista George Duke (Frank Zappa), el percusionista Alex Acuña (Weather Report), el batería Dave Weckl (Chick Corea Elektric Band), el trompetista Randy Brecker, o el saxofonista Eric Marienthal, por destacar a unos cuantos entre el abultado ejército de colaboradores. Entre números de vigoroso groove y pegada funk como el que da título al disco, Love shack, Elephants on ice skates (¡Toma ya!), o Sanford and son, también hay temas donde echa el freno y se estilan aires de balada, caso de Life, o Heaven (con uno de los solos más espectaculares del álbum), que suenan bastante descafeinados y con unos arreglos de marcada querencia lounge. Bromberg homenajea al gran Marcus Miller (de tremenda actualidad por su reciente paso por nuestros escenarios) en clave slap en Mr Miller. Y se muestra intratable en The mirror, una pieza interpretada solamente con el bajo, en la que hace alarde de su increíble maestría a base de unas espectaculares y melodiosas líneas de arpegios que dejan con la baba colgando. Sin objetarle ningún pero en lo que se refiere a la  ejecución, el único lastre del disco podría ser el concepto sobre el que gravitan los arreglos, con unos horribles colchones de teclados y cierto tufillo a hilo musical de coctelería para ejecutivos talluditos, algo habitual en este tipo de producciones. Si obviamos esta salvedad It is what is colmará las expectativas de cualquier enfermo del bajo. // Miguel Ángel Sánchez Gárate