Blick Bassy

BlickBassy
Blick Bassy

“Akö”, No Format | Naïve, 2015

 

Si hablamos de música de Camerún pronto nos vendrán a la mente nombres como los de Manu Dibango, Sally Nyollo o Richard Bona, figuras con suficiente peso a nivel internacional. Independientemente de los cientos de bandas que tocan los palos del makossa, el bikutsi, el assiko o el bendskin, algunos de los géneros arraigados en este país del oeste africano, hay músicos que logran trascender sus raíces musicales y experimentan con otro tipo de sonoridades más globales, aunque conserven constantes más locales como el idioma y la sensibilidad. Es el caso de Blick Bassy, quién en su debút internacional de 2009, el álbum Léman, ya dió muestras de sobrada personalidad y tacto artísticos. En esta ocasión las pretensiones de este nativo de la etnia bassa son las de rendir pleitesía a un músico de blues tan enorme como Skip James. De ahí que opte por una formación de guitarra, banjo, cello y trombón para dotar a estas once canciones de un aura totalmente acústica. Uno de los puntos fuertes del músico de Yaoundé, es su sugerente timbre vocal, que en ciertos momentos puede recordar al de Richard Bona, por sus sedosas formas y esa querencia a jugar traviesamente con los malabarismos vocales del scat. Pero lo que es el encofrado musical es otro cantar. Aké suena a blues del desierto, con esa armónica deudora del senegalés Ismaël Lô, y unas sonoridades que destilan melancolía. Kiki comienza con un guiño a las fanfarrias de metales de Nueva Orleans, aunque pronto deriva a un tono jovial tamizado por un alegre banjo que rasga con optimismo, en contrapunto con los sones más graves y marciales del trombón. Wap do wap prosigue esta línea genuina del Delta del Mississippi con un ritmo encendido y unos arreglos de metales de lo más jazzístico. Lon tiene las constantes de un blues, con esa morriña propia del género sureño. Tell me suena placentera y con un cello que arrulla con romanticismo. SJ recuerda el tono de Eboa Lotin, un músico de folk camerunés muy popular en aquellas latitudes. En Mama, con cierto ritmo similar al assiko, aunque no se incluya el repique de la botella, se acerca a esas piezas rítmicas y pletóricas de Richard Bona. Ndjé Yém suena nocturna y quebradiza por los arreglos tan tenues que le confieren los músicos. Moût derrocha positividad, incluso con ese tratamiento musical que retrotrae al sur rural norteamericano de las plantaciones y los bayous. Y Ndjèl es una balada cristalina que pone el punto y final a este sugestivo trabajo. El tercero en la carrera de Blick Bassy, si descontamos Donalina, aquel disco local en el que se dio a conocer a sus convecinos. + info I Relacionados I Miguel Ángel Sánchez Gárate