Benito Lertxundi

benito-lertxundi.jpg Benito Lertxundi
”Itsas ulu zolia” 
Elkar,
2008

No es un cantautor pródigo en publicar discos y suele huir de ruedas de prensa y promociones para evitar sentirse como su propio vendedor. Es un artista, casi a contracorriente, tratando de hacer su poesía sobre lo que tiene más a mano, sus propios sentimientos, su país y su identidad. Benito Lertxundi canta en vasco, su lengua materna, quizás para tratar de quitarse el mal sabor de boca de tener que esconder su lengua en el transcurso de su educación, en la férrea y dura dictadura franquista. Nacido en Orio, Guipúzcoa, en 1942, el cantautor cuenta ya con unos quince discos publicados desde 1970, cuando publicó el primero. Formó parte del movimiento cultural Ez Dok Amairu, un colectivo con la intención de defender la cultura y la identidad vasca, algo que ha seguido haciendo a lo largo de su discografía, reflexionando sobre su tradición, su historia y el propio sentimiento humano que surge de las raíces de esa nación.
En este último trabajo, Itsas ulu zolia (solitario lamento marino, en su traducción al castellano), Benito Lertxundi vuelve después que en 2005 publicara 40 urtez ikasten egorrak. El nuevo álbum es una especie de canto a la tradición, al origen del pueblo y de la épica del pueblo vasco que hunde sus raíces, además de en su tierra, en el Mar Cantábrico que lo baña. A partir de ese sentimiento que es una constante en el cantautor, Lertxundi compone diez temas sin traicionar su espíritu y su estilo, volviéndose a forjar en el mismo artista que ha ido labrándo su hueco en el ámbito de la canción vasca, que además ha trascendido fronteras, aunque los medios de comunicación del país no le hayan prestado la suficiente atención en su labor en pro de la música de su país, o de su nación, dentro del Estado.
Acompañado de una amplia banda de músicos, Benito Lertxundi se apoya en su guitarra acústica y en suaves instrumentaciones que utiliza con equilibrio y sobriedad. Se podría decir que el disco es serio, muy serio y demasiado trascendente, sin conceder demasiadas alegrías a la expresión. Arpas, teclados, instrumentos tradicionales y algunas programaciones crean una masa sonora delicada y acogedora donde Lerxundi deja caer su voz, con fuerza y brío para transmitir sus sentimientos más poéticos y personales. Junto a sus propios textos, también aparecen composiciones de Olatz Zugasti, Jon Maia, Andoni Egaña e Iñaki Azkune.
El artista inicia el trabajo con Kantuz, una versión del poema de José Mendiague, un poeta del siglo XIX, que el cantautor vasco utiliza para autobiografiar sus sentimientos hacia la canción. Prosigue con Bekea, en donde hace gala de un deseo de paz y de libertad en una pieza que por ritmo y sonoridad podría recordarnos la emoción contenida de algunos de los clásicos intérpretes de la canción italiana.
Partiada trixtea ternuarat es un canto al mar, como el eje en el que parece balancearse el disco, un recuerdo para aquellos que conocen la dureza de vivir en y por el mar. El álbum concluye con Mirotzak, en donde el cantautor homenajea a su pueblo en un crescendo, a la “estirpe de aguiluchos”, vecinos endurecidos por el Mar Cantábrico, y ensalzando la épica del esfuerzo de su nación.
Si musicalmente el trabajo se hace querer gracias a su sonoridad, y al propio canto de Lertxundi, sin entender el idioma vasco, cuando nos dirigimos a sus letras, quizás el conservadurismo tradicional podría resultar obsoleto para muchos que, en tiempos de globalización, abogan por el mestizaje, la fusión y la ausencia de fronteras.
No quiero olvidarme de destacar el gran regalo que resulta para la diversidad cultural y musical del mundo, el poder apreciar la lengua y la cultura vasca, tan cercana y, desgraciadamente, tan desconocida, ya que pocas emisoras de radio o de televisión nos facilitan la labor de conocer bellas propuestas como ésta. Quién quiera descubrir lugares interiores…que se haga a la mar.
www.elkarargitaletxea.com // Antonio Álvarez