Béla Fleck & The Flecktones

bela-flack.jpg Béla Fleck & The Flecktones
Voll Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona
L’Auditori, Sala Oriol Martorell
5 de noviembre de 2009

Estaba disfrutando de la actuación de Béla Fleck & The Flecktones y pensaba en cómo comenzaría esta crónica, porque a pesar de que no se deben utilizar demasiados adjetivos, no cesaban de venirme a la cabeza los más variopintos: monstruoso, demencial, alucinante, sorprendente, espectaculares. Y mientras, embobado y con los ojos abiertos como platos,  continuaba disfrutando de la fiesta musical que los cuatro Flektones habían montado sobre el escenario.

Visto lo visto, el concierto de Fleck y los suyos se alzará como una de las mejores actuaciones de este Festival de Jazz de Barcelona, en el que han tocado por primera vez. Aunque, también podrían haber tocado en cualquier otro festival de folk, de música étnica, de blues o de música clásica, por decir algunos al vuelo, porque esta formación es capaz de ingerir cualquier estilo, desmenuzarlo para volver a recomponerlo según su propia arquitectura mental y creativa. Lo que se vio en la sala pequeña –y fenomenal- de l’Auditori fue ni más ni menos que magnético y excelente, con lo que el público no tuvo más remedio que ovacionarlo y pedirle más, con dos bises y aproximadamente dos horas y media de actuación.

Fleck estuvo acompañado por sus guardaespaldas, el pianista Howard Levy y los hermanos Wooten, el bajista Victor, y el batería Roy, más conocido como Futureman. Este último tiene un nombre que le viene que ni pintado porque además de lucir sombrero pirata toca la batería de una forma muy peculiar. El sorprendente músico dispone de un SynthaxeDrumitar, que no es otra cosa que una batería digital, un artefacto de forma similar a la de una guitarra, con numerosas teclas y botones y que suena exactamente igual. (http://somethingfast.blogspot.com/2009/08/la-synthaxe-drumitar-de-future-man.html).

Pero no sólo hubo disfrute con el batería ya que la formación emana virtuosismo por todos los poros. El pianista, que además toca la harmónica, hizo volar sus manos sobre el teclado; el bajista –un cimiento de la formación- es capaz de extraer una cantidad de sonidos tan variados que abruma, y ya se pueden poner por delante bajistas de renombre, que el Señor Victor Wooten, se podría llevar la palma al más veloz, al más acróbata y al más virtuoso. Y nos queda Fleck que con más de veinte años con los suyos, ha situado el banjo en un lugar de prestigio, a la altura de los instrumentos más habituales.

El espectáculo brotó interesante y acabó siendo apabullante, por la destreza y por la sinceridad de la puesta en escena. Los cuatro músicos abordaron las diferentes composiciones con el espíritu de que siempre puede dar un paso más, con atrevimiento. Sonó jazz, sonó bluegrass, blues y hasta ritmos latinos… El cuarteto parece haber conseguido alcanzar la meta y su música, eminentemente instrumental, respira frescura, variedad, sinceridad y sorpresa.  Es como si en la globalidad de las composiciones se percibiesen las raíces, pero en las flores de su fruto se descubriesen otros elementos, otras percepciones y conceptos totalmente personales, sobre todo orgánicos.

Otro punto a no olvidar es el control absoluto de la escena espacial y sonora, de la simbiosis y de la complicidad existente entre los cuatro: de como entran, como dialogan musicalmente, de como se comienza un solo de bajo anestesiante, único y extenso que se disuelve en brevedad, y como la seriedad con la que cada uno interpreta su parte se convierte en puro gozo.
Seguramente, cada uno de los cuatro músicos daría para cuatro conciertos por separado, para escribir cuatro ensayos, y para cuatro crónicas, pero por ahora forman una unidad cósmica que parece haber encontrado la senda de Oz y la recorren con total acierto, por suerte para nosotros. www.flecktones.com  Relacionados // Antonio Álvarez