Ballaké Cissoko & Vincent Segal

Sissoko Segal
Ballaké Cissoko & Vincent Segal

“Musique de nuit”, Naïve Discos, 2015

A lo largo de la historia reciente muchas han sido las asociaciones entre “harpistas” africanos y músicos europeos. Quizás una de las sonadas fue la de aquella alianza entre componentes de la banda flamenca Ketama y el maliense Toumani Diabaté y su séquito de músicos del país del del Níger, que dió como resultado dos fabulosos álbumes bajo el nombre de Shongai. Pero también están ahí algunas más recientes, como las de la cantante noruega Kirsten Braten Berg y el senegalés Solo Cissokho (hijo de uno de los grandes maestros de kora del país de la Teranga, el genial Soundioulou Cissokho); el tándem formado por la guitarrista sueca Sousou y el senegalés Maher Cissoko; o el dúo integrado por el senegalés Ablaye Cissoko y el trompetista alemán Volker Goetze. El flechazo entre el cellista francés Vincent Segal y el korista maliense Ballaké Cissoko surgió hace unos años, y fue como quién dice amor a primer acorde. El resultado del romance artístico fue Chamber Music, un disco editado en 2009 y que cosechó excelentes críticas de la prensa mundial. Este hito fomentó aún más los lazos existentes entre ambos artistas y propició que se embarcaran en conciertos a lo largo y ancho del planeta, haciendo escala en China o Brasil. Las nueve canciones de “música de noche”, no sólo quedan ancladas en las latitudes del terruño africano sino que expanden su raíz ancestral y dibujan un periplo musical que viaja sin descanso desde el estrellado Sahel (Niandou), hasta retroceder en los anales de la historia a la época de las partituras de Bach (Passa quattro, Prélude); cruzar el Atlántico para penetrar en la sobriedad de las favelas cariocas (Samba Tomora); o emboscarse en las tonadas zíngaras de un campamento gitano montado en medio de la sabana (Super etoile). Todo eso sin olvidar el ADN musical de los ancestros (N´Kapalema o Diabaro, en la que hace su aparición estelar la popular cantante maliense Babani Koné, poniendo así la única intervención vocal del disco). Posiblemente esos ambientes perezosos del ocaso a los que alude la onomástica de este trabajo, y donde las emociones se congelan ante los inminentes brazos de Morfeo, así como el ritmo decae a las mínimas pulsaciones, tiene su mejor exponente en Balazando, donde el rasgado con arco del cello queda relegado inicialmente por un virtuoso fraseo digital jazzístico, para luego rebajar su empuje como el leve crepitar de una hoguera nocturna. Y ya para poner la guinda en este delicado pastel de esencias africanas y de ultramar faltaría mencionar el título que da nombre al disco, Musique de nuit, un punto y final mayestático donde manda la riqueza dúctil del sosiego instrumental y pentatónico de la música mandinga más tradicional. + info I Relacionados I Miguel Ángel Sánchez Gárate