Babel Ruiz | Las manos de mi madre

Babel Ruiz Las manos de mi madre B Ritmos
Babel Ruiz

“Las manos de mi madre”, Autoproducido, 2016

La tercera entrega de Babel Ruiz, tras sus dos trabajos anteriores: Vuelvo a África (2012) y Numberland (2014), es un alegato en favor de los discapacitados. Y a la vez un canto a la increíble capacidad de superación del ser humano. Bajo el leit-motiv de la descarnada historia de Pepita Campos, una niña que perdió sus manos tras un accidente casero con el brasero de su casa, Babel Ruiz nos incita a creer que querer es poder. Y más cuando la adversidad se convierte en final de cuento feliz, y la protagonista de este infortunio termina convertida en costurera, capaz de valerse como cualquier mortal no impedido. Babel Ruiz, con esa personal y pizpireta manera de hacer y que se convierte en inusual tarjeta de presentación al uso, se pasea por las distintas latitudes musicales del planeta tierra, convirtiendo estas nueve canciones en un crisol de músicas de lo más variopinto. Inicia su viaje conceptual con Las manos de mi madre, en la que asoman las bulerías y el deje más flamenco, arropada por la guitarra española de Tino Van ders man, el contrabajo de Juanmi Guzmán y la batería de José San Martín. De ahí salta a la isla de Cuba para conjugar una aleación de ritmos africanos y latinos en Drume negrita, con el generoso piano de Angel Andrés Muñoz, que se pasea elocuentemente como un auténtico Mc Coy Tyner sin escudero alguno a sus espaldas. Conociendo a Babel Ruiz y su inconmensurable amor por el continente africano no podía faltar el rendez-vous a una de las canciones más populares del cancionero austral, junto a The lion sleeps tonight, que es Malaika Nakupenda, interpretada en boca de tantos y tantos geniales cantantes y popularizada por la cantante sudafricana por antonomasia, Miriam Makeba. La cantante ceutí la sabe hacer suya con un tono seductor y a golpe de una versión de jazz waltz. Vuelve a tierras españolas con ese clásico que escribió el poeta Federico García Lorca y que es La tarara, pieza por antonomasia de nuestro cancionero tradicional, interpretada con un fabuloso gracejo y que va aumentando la velocidad del tempo para terminar fulminantemente en forma de algarabía. Entre su instrumentación, donde no falta el buzuki turco, destaca la percusión de Youssef Chair, que galopa endiabladamente en la recta final del tema. Bolero pa´ti, pieza de cosecha propia, tiene aquí tanto de cubano como de gitano, ya que Babel le da la vuelta y lo viste suntuosamente de bulería. Y con un pequeño salto en el Estrecho de Gibraltar con Berceuse du monde se planta en Marruecos tirando de vena totalmente flamenca, fraseo galo y arreglos jazzísticos con una tremenda vitalidad rítmica. La morriña asoma en Meu fado meu, versión del portugués Paulo de Carvalho. Y aunque no hay guitarras portuguesas de por medio el formato de trio de jazz de piano, batería y contrabajo se basta para tejer una deliciosa e inédita recreación de lo que es el género por antonomasia de nuestros hermanos lusitanos. Vuelve a abordar el bolero en Los que amaron. Aquí las delicadas líneas del contrabajo de Juanmi Guzmán arropan una conmovedora letra con estrofas como “Los que amaron y quedaron tan maltrechos son aquellos que recorrieron el trecho, arriesgándose a amar. Se perdieron en sus fueros, corazón oscuro de guerreros fieros…”. Los invitados de excepción a esta oda al desamor son el guitarrista Rafael Trenas y el pianista Diego Ebbeler. Y como broche a este disco que reivindica la esperanza y la reinvención del ser humano en las más adversas de las situaciones, Babel Ruiz se acerca con bríos al gigante brasileño de la mano de la portentosa voz de Leandro Bomfim, que reinterpreta mano a mano con nuestra diva una de sus joyas de la corona: Nem mesmo eu. Un tema arrebatador y optimista, donde se hibridan lingüísticamente ambos países (Brasil y España). En este punto y final los scats vocales salpican espuma y hacen piruetas en forma de olas de certidumbre. + infoRelacionadosMiguel Ángel Sánchez Gárate

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