Azuleo

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Azuleo
La senda. Autoproducido, 2014

El guitarrista de Antequera  Abel Sánchez, defensor del folklore andaluz ha reunido en la ciudad de Berlín un quinteto que sabe explorar y conjuntar el flamenco con otras músicas tradicionales españolas, la toledana Elena Botica que canta y toca la flauta tiene claro que su música no sólo bebe del flamenco. Completan el grupo Antonio Piñera “Pumuki” a la percusión, Jonás Fehrenberg   al bajo pero también ayudando con cajón y guitarra cuándo hace falta y Joseph Carpentier a los saxos. Empieza el disco con una rumba, Charco, uno de los palos más asequibles para cualquier público y si además la letra tiene salero “tú eres de hielo y cuándo te alejas me quedo bebiendo del charco que dejas” ya tenemos mucho ganado. Lo que el tiempo no se llevó, huele ya a música tradicional, de esa España que nunca debió expulsar a los  moriscos y judíos, un buen trabajo de las percusiones y ese saxofón que se acopla maravillosamente a una música que no suele tocar. Elena Botica conoce bien el estilo tanto con la voz como con la flauta y la guitarra de Sánchez tiene la claridad necesario para modernizar la tradición. La senda, tema que da título al trabajo es un instrumental muy profundo, primero sólo la guitarra recordando a los grandes guitarristas hispanos, después cuándo parece que hay una buena entrada para el cantaor es el bajo de Fahrenberg quien entra en acción, siguen las percusiones y por último el saxo de Carpentier y las palmas completan una formación que puede seguir perfectamente aquella senda que marcaron grupos como Radio Tarifa. Carreta y Caballo son unos tientos que no pueden negar su flamenquismo, ahora la voz de Elena entra desde el principio con todo el riesgo del cante, guitarra y voz para traernos las penas y las tragedias que resumen escenas profundas de la pobreza o de un pasado político que siguen vigentes “aquel hombre chiquitito firmando sentencias de muerte” remataran por tangos para quitar hierro al asunto, muy fresca esa guitarra y muy bueno ese bajo dándole ese vacileo que merecen los tangos. Volvemos a la rumba con La soledad del viajero, volvemos a la rumba como buena embajadora, como música que invita a la alegría y que permite entrar en la fiesta en cualquier situación, buen trabajo de Carpentier. Sigue un interludio cortito, momento para lucirse  la flauta travesera de Isabel, demostrando que se encuentra igual de cómoda con la voz como con la flauta, enseguida la secundará la guitarra, un tema corto pero muy bonito, un puente para atravesar Despeñaperros y saltar directamente a un Camino que lleva a la solea,  un Camino dónde Abel Sánchez acompañado del bajo de Fehrenberg nos ofrece una entrada de solea muy bien elaborada, la voz de Elena entra segura e hiriente, la guitarra refuerza y saca chispas, el momento más flamenco del disco. Sigue, como debe ser, con una solea por bulerías, Soñando, ahora el saxo es el líder y la fusión permite seguir dónde estamos pero con una visión más amplia. Se va cerrando la fiesta con unas bulerías,  la percusión de Pumuki da pie para que la guitarra de Abel Sánchez se acuerde de la Baja Andalucía. Ecos de Morón, fiesta de Jerez, Utrera, aire. El siguiente tema es Para andar en bicicleta, unas alegrías que empiezan con palillos y saxo desafiando al purismo, con la voz de Elena (supongo que doblada) consiguiendo un efecto muy bonito, unas alegrías con mucha luz, y con ese mensaje sarcástico de los de Cádiz mofándose de “esa gente pobre que sólo tiene dinero”. Dejan la fiesta y se van a un folklore más internacional, una Ausencia que nos lleva directamente a músicas de América del Sur, con ese grito desgarrado y esa guitarra que acompaña. Para cerrar definitivamente otro instrumental, Epílogo, de nuevo un viaje por nuestro folklore más fusionado, percusiones, madera, cuerda, vientos, ecos de mil culturas, sonidos de antaño elaborados por músicos actuales que no conocen fronteras. + info | Candido Querol