Awa Sangho | Ala ta

Awa Sangho Ala Ta B Ritmos



Awa Sangho

“Ala ta” ,Motéma Music, 2014

La que fuera integrante de las bandas Ensemble Koteba y Les Go de Koteba ha tirado la casa por la ventana para su álbum debút. Un disco grabado en distintas latitudes (Mali, Senegal, Estados Unidos), y en el que no ha escatimado en compañeros de viaje musical a la hora de encerrarse en el estudio. Entre nombres ineludibles si nos referimos a música gestada en el oeste africano (aquí tenemos la indiscutible presencia de Basekou Koyate al ngoni o de Sidiki Diabate a la kora) salen a relucir a la palestra el percusionista y productor de este trabajo que es Daniel Moreno, embarcado en las artes del jazz junto a Hervé Samb, un guitarrista senegalés que se ha codeado con músicos de todo tipo (desde Jimmy Cliff a Pharoah Sanders pasando por Lisa Simone, o Meshell Ndegeocello ), y que también tiene su sitio en Ala Ta (La verdad permanece a Dios, en mandinga). No faltan un largo etcétera de invitados en el que constan Aicha Camara, Lasine Kouyate, Tomas Gueye, Mao Otayek (guitarra y bajista en todas las canciones así como ingeniero de grabación) o Zumana Tarretta, que forjan en estas trece canciones una especie de animada jam. Nada tiene que envidiar Awa Sangho a los grandes nombres de la canción del Wassoulou, caso de Oumou Sangare, o incluso a compañeras de generación como la guineana Nakany Kante, pues su cálida y recia voz es acreedora directa de las fuentes de las que se servían los antiguos griots. Ala ta ye tougnaye, tema con el que se abre fuego, es una canción de acción de gracias al todopoderoso, una constante en el cancionero de muchos músicos que dan muestras de su profunda religiosidad. Neba nifa alude a los padres, a los que se ensalza con respeto en lo que viene siendo una constante en las sociedades africanas. Tambiny tambor se muestra como un interludio de percusión y tambin (una flauta típica de Mali). Denko, dentro de su tratamiento acústico, es una oda a la infancia y que alude a la importancia de la educación en los más pequeños. Danfin habla de la importancia de la creatividad en todos los estratos de la sociedad, tanto en padres o en madres, como en las distintas razas o estamentos, recurriendo a esa energía positiva de la que hacía gala el gran Bob Marley. Nangabara (cuya traducción es chiquilla) es una adaptación de una antigua canción africana de aires mandingas, que Awa escuchó hace algún tiempo, y que remite al poder de la mujer tanto en el plano físico (que no escatima en seducción y coquetería) como en el psicológico de la autoestima y la seguridad en si misma. Denmisenew es otro interludio grabado a las puertas de la casa de Sangho en la que un grupo de niños interpretan una canción infantil. La kora de Gordon Heldberger irrumpe con cristalinidad en Bamounan es otra canción que alude a la figura materna, y en este caso a la tela con la que las madres transportan a su bebé enrrollado a la espalda, con algunas leves pinceladas de jazz y guitarras acústicas que dan el contrapunto a la africanidad del harpa africana, el tambin de Bari y el balafón de Lasine Kouyate. Las poderosas cuerdas vocales de Awa emulan la energía de Miriam Makeba al inicio de Emama, que está cantado en Guerze, una lengua de las selvas guineanas, y que supone un guiño a Souleymane Koly, el que fuera exmarido y de Sangho, y también líder musical del Ensemble Koteba. Es un tema eminentemente vocal, en el que el balafón tiene gran protagonismo. Dofana es una canción de alabanza, que está interpretada en lengua Tamachek, y que tiene conexiones con Afel Bocoum y Ali Farka Touré. Tanto las escalas pentatónicas como el n´djarka, o violín del desierto, acaparan la musicalidad de esta pieza de aires tuareg. El tercero de los interludios de este trabajo lleva el nombre de N´darka y tambor, un efusivo y enérgico duelo entre Daniel Moreno y el genial Zumana Tarretta. Somafolo narra una historia desgarradora y de nostalgia, inspirada en un hecho real cuando Awa tuvo que dejar a su hijo al cuidadado su padre cuando abandonó Costa de Marfil. Los emotivos coros de Awa unidos a la magistral guitarra de Otayek destilan un profundo halo de morriña. Y como colofón, nuestra protagonista cierra el disco con Naigaikorosigui, otro impactante tema en el apartado vocal, donde la voz destaca con sus elásticos lamentos, y que denuncia la primitiva e inhumana costumbre de la ablación femenina. Los versos finales de denuncia tan simples y rotundos dejan bien clara su postura al respecto: “Estoy llorando. Mi canción está llorando”+ infoRelacionadosMiguel Ángel Sánchez Gárate