Apolo Bass

Apolo Bass
"Another world without racism"
Bass Evolution Production, 2006
www.apolobass.com

Camerún, además de ser la patria del gran Manu Dibango, es cuna de virtuosos bajistas, como Richard Bona o Etienne Mbappé. A este selecto grupo de privilegiados pertenece Apollinaire Dschoutezo, un fanático de la medicina y las cinco cuerdas de su Wasburn Force. Afincado en España desde hace dieciséis años, ha prestado sus servicios como escudero en Africa Lisanga, Djambutu Thiossane o Diengoz, bandas de la Madre África con una larga trayectoria en nuestro territorio. Tras un primer álbum como solista publicado hace un año –À toi, maman (Several Records, 2005)–, vuelve a las andadas con un disco más calibrado y con una mejor producción. Apolo Bass no hurga en las arcas de la música tradicional africana. Tampoco recurre al makossa o el bikutsi, géneros populares de su país. Prefiere escarbar en las raíces del jazz de fusión. Al escuchar sus vertiginosas digitaciones y sus slaps, se nota que este hombre ha bebido a raudales del legado de Jaco Pastorius o de Stanley Clarke. Su alianza con músicos latinos contribuye a enriquecer notablemente el trabajo de la orquestación y los arreglos. En este exquisito trabajo destacan los aires flamencos de Daniel my son, dedicada a uno de sus dos hijos y con unas líneas dignas del maestro Carles Benavent. Los sinuosos y briosos dibujos de Another world without racism –maravilla la velocidad de vértigo que imprime a sus falanges– le hacen brillar a la altura de un gigante como Victor Wooten (Béla Fleck & The Flecktones). El funk de Divine inspiration se transmuta en un diálogo entre bajo y batería que recuerda en demasía las evoluciones de la célebre Teen town de Weather Report. En Bass for me apuesta por una mezcla de swing y reggae en compañía del saxofón de Filiu Román, algo similar a lo que acontece en Encuentro. El aire blues de My tribute to Charly Parker se solapa con un scat vocal de lo más cachondo. Para redondear la jugada, Apolo Bass revisa los clásicos I shot the sheriff de Bob Marley y Oh! Koh! de su compatriota Manu Dibango. Ni que decir tiene que toda la artillería que deja aquí traslucir se amplifica en sus fulgurantes directos. Auténticos combates a diez asaltos para los que cuenta con otra formación distinta, y no por ello menos efectiva, que la que insufla vitalidad a este apabullante trabajo. // Miguel Ángel Sánchez Gárate