António Zambujo

AntonioZambujo
La parte que más me interesa de la música es descubrir; enfrentar conceptos.

He de confesar que desde que escuché a António Zambujo en directo, pasó a incrementar la sección de mis artistas favoritos y, según lo he ido escuchando más, ha ido subiendo hasta lo más alto del ranking. Por eso, en cuanto tuve la oportunidad de entrevistarlo, aunque fuera en una corta estancia que hizo en Barcelona para acompañar en el escenario a la cantante Silvia Pérez Cruz que presentaba su disco 11 de Novembre en la Sala Barts de Barcelona, no dudé en ponerme en contacto con él. En el camerino, antes de las pruebas de sonido, le preguntamos por qué se dedicaba a la música: ”Mi región tiene mucha música, es muy musical. Hay una gran tradición del cante polifónico, de grupos de hombres cantando. Es mi primera memoria musical y fue por eso que he querido empezar a cantar y tocar algunos instrumentos; y luego yo creo que uno nace con eso… pero tiene que probarlo para saber si lo tienes o no”, nos decía entre sonrisas, “y cuando lo he probado, afortunadamente, la gente que tenía conmigo ha visto que la música sería para mi algo importante, aunque claro que no sabemos qué va a pasar en el futuro, pero sabían que iba a tener un papel muy importante en mi vida, y me han puesto en el conservatorio a estudiar. Luego empecé a escuchar muchísimo, muchísimo, muchísimo, como lo hago hoy.” Hablando de la influencia de su familia nos dijo que su padre no era precisamente un gran cantante: “El peor del mundo”, se reía. ”Mis padres tenían gustos un poco diferentes. Mi padre, la música tradicional, sobre todo, y el fado también. A mi madre le gustaba mucho la chanson française. Y yo escuchaba un poco de los dos. Pero mi abuela fue la más importante porque me enseñaba las letras para cantar las canciones tradicionales con los hombres.” Entonces sus amigos le inscribieron en un concurso, que ganó. Los concursos no le gustan nada, pero realmente éste tuvo consecuencias, porque le llevó hasta Lisboa. Primero le invitaron a cantar en sitios pequeños, se fue haciendo conocido, hasta que le llamaron para ir a Évora, la ciudad principal de su región, “para estar dos noches por semana en un sitio que era casi profesional. De Évora me han invitado para Lisboa y ya me quedé; empecé a conocer la gente…” Entre ellos al guitarrista Mario Pacheco que le invitó a quedarse unos días a la semana en su casa de fados. Poco a poco iba sustituyendo a otros cantantes y, prácticamente, estaba todos los días en el Clube do Fado, cuando su vida artística dio un giro inesperado: entró a trabajar en el musical Amalia, basado en la biografía de la gran cantante portuguesa Amália Rodrigues. “A mí no me gustan nada los musicales. No es mi genero de música. Pero lo de Amália ha venido en un momento que no sabía qué hacer con mi vida. Sabía que quería estar en la música, no me interesaban otras cosas, pero no sabía cómo estar en Lisboa, como quedarme ahí a vivir… Y Amália fue la razón que me ha hecho quedarme en Lisboa, (…) y toda la gente que he conocido en este momento , sí que fue muy importante”. Él, ahora, no haría un musical porque ese estilo está cada vez más lejos de lo que le interesa, aunque el problema no era tener que actuar cada noche: “No me incomodaba mucho porque el público era siempre diferente, la motivación siempre diferente, la gente con la que actuabas no lo hacía igual todos los días…” Fueron más de mil representaciones en Portugal, en todos los teatros, incluso en campos de futbol con más de 15.000 de espectadores. También hubo una gira internacional, pero António Zambujo no fue con ellos porque publicaba su primer disco, O mesmo fado: “Yo creo que soy demasiado irresponsable para planearme las cosas muy bien, al detall; pero la gente que estaba conmigo, que empezaba a escribir cosas para mí, me han dicho que tenía que hacer un disco, que estaba a la altura, y lo he hecho. Yo sigo pensando que un disco, hoy en día, además de una tarjeta de visita (…) es el registro del momento en el que tú estás. (…) En el primero estaba solo en el fado tradicional, con un poquito de las influencias de mi región, y ese disco es solamente eso. Los otros empiezan a ser algo diferente.”

Antonio ZambujoSu segundo disco, Por meu cante, como comentaba, fue un trabajo muy distinto. En él estaba Senhora do Nazaré, una canción que se ha considerado el origen de la forma personal, única, de cantar que tiene António Zambujo: “Yo creo que es el disco más importante. Fue donde he empezado a descubrir lo que realmente me gustaba. Porque entre 2002 y 2004, he estudiado en una escuela de jazz en Lisboa y luego he empezado a escuchar mucho esa música, sobre todo Chet Baker, y luego, un poco más tarde, João Gilberto. He visto que era así que me gustaría hacerlo. Y ya, Por meu cante, tiene un poco de la forma de cantar muy influenciada por ellos”. Un disco que para él fue el más complicado: “Musicalmente fue el más difícil de todos. Es como si todo lo que había hecho antes no tuviera sentido, no existiera. A partir de Por meu cante, las cosas empiezan a tener una lógica, una evolución natural, que ha hecho que llegase aquí con Quinto, y que, si miras a atrás, entiendas porque Quinto es como es”; incluyendo todas las influencias recibidas: “Como todos, somos un reflejo de lo que escuchamos, ¿no? La música tiene mucha influencia, no solo en los músicos, sino también en tu vida: tú eres como eres también por la música que escuchas (…) La parte que más me interesa de la música es descubrir; enfrentar conceptos; dar a las personas lo que ellos no esperan. Siempre sigo descubriendo nuevos músicos que me encantan. El caso de Silvia (Pérez Cruz) que (…) ha tenido la capacidad de cambiar algo en mí, como los discos de João Gilberto, de Caetano (Veloso), de Tom Waits… de muchos otros artistas.” Posiblemente es por eso que para él, las colaboraciones son muy importantes: “Unos me invitan, otros los invito yo… La colaboraciones creo que son importantes, pero tienen que tener sentido, que ser lógicas, no hay que forzarlas… Nunca haría una colaboración por ser comercialmente buena, porque podría llegar a otro público (…) Tiene que haber una conexión entre los músicos, tiene que haber algo que sea común para que resulte. Me gusta mucho hacerlas” No entramos a citar aquí todas las veces que António Zambujo ha acompañado a otros artistas o las que otros artistas le han acompañado a él. Podemos ir desde Las Voces Búlgaras a Milton Nascimento, pasando por muchos de los cantantes actuales de la música portuguesa y brasileña, como Carminho, Vanessa da Mata, Roberta Sá, Ivan Lins, Luisa Sobral, Raquel Tavares, Marcio Faraco o Lenine.

Pero es su tercer disco, Outro sentido el que le catapulta, de alguna manera: “Fue el disco que hizo que la gente despertara un poco sobre lo que estaba haciendo, y luego surgieron los conciertos en Brasil, en Francia, Inglaterra, ¡menos en España! ¡En España no me quieren! (se ríe). Y a partir de ahí fue todo un poco más fácil.” Su penúltimo disco, Guia, lo publicó en 2010 y después llega su último trabajo, Quinto, que llama así por diversas razones “la primera es por una gran falta de imaginación para elegir títulos para discos (se ríe); luego, porque era el quinto disco; tocamos en quinteto… Muchas otras cosas. El cinco siempre fue un número que estuvo conmigo, no sé por qué. Luego me han dicho que en numerología, mi número era el cinco. Eso a mí no me importaba, pero fue una coincidencia, también. En la escuela, como soy António y empiezo por a, estaba siempre el cinco, o muy cerca. Pero sobre todo, por ser quinto disco y por tocar en quinteto.” El disco se grabó de una forma particular, con el objetivo de conseguir “el sonido del concierto en vivo. Después de Guia, (…) hemos hecho muchos conciertos. Hemos estado todo el tiempo de viaje, de gira, tocando… ¡Excepto en España! (se ríe) Hay una complicidad que se crea entre los músicos y que hace que las cosas van siempre cambiando todos los días (…) y esa complicidad que existía, tenía que tenerla en los discos. El ambiente de estudio es un ambiente muy frio, y es difícil crear esa conexión; y hemos decidido hacerlo como si estuviéramos haciendo un concierto en un teatro, todos tocando, y cantando al mismo tiempo. Fue una experiencia increíble”.

Una cosa que sorprende de los disco de António Zambujo es que, en sus trabajos, incluye muy pocas canciones suyas, cuando es un compositor excelente: “La parte de la composición no es una obsesión para mí. Yo tengo mucha gente que colabora y que está conmigo, y cuando hacemos la preproducción de los discos, hay una selección de músicas, y yo elijo las mejores, no me importan de quien sean, las que más me gustan, las que tienen más sentido para el disco, también. Por eso en Quinto, yo tenía más músicas, pero al final no han quedado. Pero si sale un disco solo con músicas mías, puede salir, puede salir, pero tienen que ser las mejores de todas (se ríe) y es difícil, porque los otros son todos muy buenos”.          

Entre sus proyectos, hay un posible disco con orquesta: “Una invitación de la Fundación Gulbekian de Lisboa, pero no sé si va a pasar o no. Me hace ilusión pero no es una prioridad, no es un sueño”. Su prioridad sí que es un trabajo que está preparando junto a Marcelo Camelo y Miguel Araújo Jorge a tres voces y a tres guitarras. “Éste es seguro (se ríe). Tu nunca sabes lo que va a pasar, pero hay algunas que sé que van a pasar, y esa es una de ellas. (…) No sé si los conoces, los tres tenemos influencias diferentes, pero ahora mismo, en estos momentos estamos muy próximos en cuanto a cantantes, en cuanto a músicos, en cuanto a compositores. No sé cómo va a ser…”

Antonio-ZambujoComentamos con António Zambujo el auge de la música portuguesa: “Creo que lo que hace que haya mucha gente buena y con mucho público, que vende muchos discos, es que cada uno es único. No es un movimiento, cada uno tiene su camino diferente. Dentro del fado me gusta mucho Ricardo Riveiro, Camané, Ana Moura y Carminho. Son los que más me gustan, los que tienen la música con la más me identifico. Luego fuera del fado, pues tienes tanta gente… Deolinda, Miguel Araújo, Luísa Sobral, que es una cantante de jazz fantástica, Samuel Úria… No sé. Hay tantos, tantos… Me estoy olvidando de alguno, seguro… Pero hay muchos proyectos muy interesantes” En cuanto a sus músicos favoritos entre los jóvenes brasileños, era mucha más tajante: “Marcelo Camelo y Rodrigo Maranhão , son los dos grandes genios de la música brasileña en estos momentos.” Además de los cantantes clásicos de fado como Carlos do Carmo: “Bueno, Carlos do Carmo lleva muchos años en esto. Cuando él ha empezado, antes de la revolución, ha hecho cosas muy interesante, con Ary dos Santos, y otros poetas. Siempre supo elegir muy bien las personas que escribieran para él, que compusieran para él, que han tocado para él. Su calidad viene un poco por eso y, luego, su forma de cantar, claro”; y, por supuesto, Amália Rodrigues, comentándole la sensación, que pasa con otras grandes cantantes, como la también desaparecida Cesaria Evora de que, sin buscarlo, hacen sombra, dentro de su estilo, a sus contemporáneos: “Como un eucalipto (se ríe). Yo creo que eso es natural, porque ellas son tan buenas, tan buenas, tan buenas, que las otras cosas pasan un poco inadvertidas. La gente lo que quiere es escucharlas. Y hay una coincidencia interesante: que toda la gente que hablábamos, han surgido, casualmente, después de la muerte de Amália. Ella ha muerto en el 1999, y el año, 2001, yo creo, surge Mariza. Surgen los otros también… Camané ya existía un poco antes, pero es después de eso. Crecen los otros (se ríe)

Aunque haya mucha gente que no considera a António Zambujo como un cantante de fados, él tiene su opinión: “Sabes, que a mí no me importa. No me importa nada. Yo lo que hago, personalmente, no es para intentar cambiar lo que sea, cambiar el fado, porque me gusta mucho el fado tradicional, es una gran influencia para mí, pero no es una influencia que esté sola, tengo otras y quiero mostrarlas, quiero que se vean también en la música que hago. Yo creo que hay espacio para todos. No sé qué decirte sobre esta materia, porque a mí no me gustan los ortodoxos, los fundamentalistas. Me gusta la gente con la mente abierta, y que defiendan que las músicas tienen que cambiar. Lo que ellos defienden hoy como fado tradicional, ha cambiado algo desde su época. Y no entienden eso. Si la gente no entiende o no quiere entender, pues para mí terminó la discusión

Para acabar la entrevista le preguntamos cómo veía la situación social, política, económica, en su país, y en el nuestro: “Una mierda (se ríe). A ver qué pasa. Yo creo que hay que dar tiempo y esperar. Esperar pero no esperando. Esperar pero cambiando algo, porque es el resultado de muchas cosas que han sido mal hechas en el pasado. Yo creo que la principal razón ha sido el deslumbramiento de la Unión Europea, que nunca ha existido, para mí. Es un mal matrimonio, un pésimo matrimonio. Y ahora la gente va a tener que pagar por eso. Yo lo veo así. Es un asunto muy delicado, pero yo siempre he defendido la identidad, la diversidad, y para eso, la Unión Europea no hace falta. Los del sur de Europa no somos igual a los del norte. No nos pueden poner todos iguales. Y eso vosotros también lo veis aquí con las regiones. ¡Claro! Los catalanes no son como los andaluces, no son como los gallegos, no son como los vascos… No hay que ser igual. Lo bello de esto es saber vivir con las diferencias de unos y los otros, y hay que defender eso, hay que defender nuestra identidad, nuestra cultura. Portugal es un país mínimo, y tú vas a mi región, Alentejo, y doscientos kilómetros arriba ya tienes culturas totalmente diferentes, forma de hablar diferentes. No hay que perder eso. No tenemos que ser todos iguales. ¡No debemos ser todos iguales!

Hacía broma António Zambujo de que actúa muy poco en España, pero al despedirnos lo desmentía, de alguna forma. A pesar de todo, nosotros seguimos pensando que deberíamos verlo más a menudo por nuestro país, porque un cantante como él, merecería ser un referente musical para todos nosotros. + Info | Relacionados |Escucha el programa 1ª parte | 2ª parte | Federico Francesch | DESAFINADO RADIO

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