Antoni Ros Marbà

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Antoni Ros Marbà
“Història de Catalunya amb cançons” Picap, 2014

Aprovechando los actos del Tricentenario 1714-2014, se reedita ahora una versión actualizada del disco homónimo de 1971 y publicado entonces por el sello Edigsa, con música de Antoni Ros Marbà y textos de Jaume Picas. Si en aquella ocasión las voces solistas –secundadas por un coro infantil– corrían a cargo de Guillermina Motta y La Trinca, en esta última se encargan de ello la eurovisiva Nina y Daniel Anglès, con la puntual intervención de dos viejos integrantes de la citada Trinca (y también omnipotentes y omnipresentes amos de la productora televisiva Gestmusic): Toni Cruz y Josep Maria Mainat. Los actores LLuís Soler y LLoll Bertran cumplen con el papel de narradores que hilan las canciones entre sí.

El disco nació en su momento con la intención de difundir entre un público joven y de forma lúdica algunos de los eventos más destacados de la historia nacional. Quizá fuera por motivos políticos de entonces que los responsables del proyecto optaran por no ir más allá del período de la Reinaixença. La “nueva” Història de Catalunya amb cançons, pues, retoma y revisa aquel repertorio y le añade cinco piezas (con letra de Miquel Desclot) dedicadas casi exclusivamente al siglo XX. En total se cuenta con más de 30 tracks que sintetizan en una hora y cuarto más de mil años de historia cuyos principales protagonistas son, por dar título a algunos temas, Jaume I el Conqueridor, el conde-duque Olivares, el president Francesc Macià y hasta los dragones modernistas de Antoni Gaudí. El disco, además de mencionar a literatos como Ramon Llull, Ausiàs March, Jacint Verdaguer y Joan Maragall, se cierra con la masiva manifestación del 11 de septiembre de 1977 con que el pueblo catalán reivindicó sus derechos como nación con identidad propia y autónoma, tras cuarenta años de opresión franquista. Como recuerdo de aquellos tiempos se incluye la versión no censurada de la Guerra de Successió que restó inédita en su día.

Respecto a su contenido musical, el mismo autor de la partitura se pone al frente de la OBC junto a un coro de niños dirigido por Josep Vila. El empaque sonoro es variado y recuerda a veces al estilo épico típico de una ópera-rock –como Los Miserables o Ça Ira (Sony, 2008), ese fastuoso gatillazo megalomaníaco de Roger Waters–, a las danzas cortesanas medievales y a los arreglos –entre otros más barrocos y austeros– de corte sinfónico para sardana que popularizó Enric Morera hace ya un siglo, y a graciosos juegos contrapuntísticos en los que destacan sin duda Mainat & Cruz. Así, baladas sensibles como la dedicada a El Comte Guifré o irónicas marchas (por su fanfarrona pompa) como la del emperador Carlos V –que se parece sospechosamente al aria de Papageno de la mozartiana Flauta mágica– conviven con la severidad de otros temas como El compromís de Casp –donde una muy involucrada Nina canta “a pelo” acompañada únicamente por un órgano de iglesia (Dani Espasa) y una viola de gamba (Pau Marcos)– o los que adentran al oyente en el siglo XX, los cuales, por causas de sobras conocidas por todos, oscurecen significativamente el tono distendido de las piezas precedentes –“Sólo hay un vencedor en toda guerra: el buitre que se da un festín a ras de tierra”, reza La Guerra Civil–. La cantante, todo sea dicho, ofrece en este disco una majestuosa interpretación, tan expresiva como empática. Cabe suponer que se sintió muy en consonancia con el proyecto, lo que es todo un hallazgo después de tan errática trayectoria en solitario. Se le anima desde aquí a continuar explorando esta senda que se le abre enfrente.

Otra cuestión es el tratamiento más o menos frívolo o idealizado de algunos episodios escogidos. Recuérdese no obstante que el público target al que va dirigido el disco es de tierna edad, pero eso no exime de pintar a los almogávares como simpáticos vándalos que montan un zipizape por doquiera que pasen con el único fin de disponer de cinco vírgenes forzadas a bailar (entiéndase esto, suponemos, como un ingenuo eufemismo). También la intervención de la iglesia católica en la historia de Catalunya queda injustamente minimizada a la labor –costosa y constante– de minar la cartografía con capillas y más capillas que pronto crecerían a base de anabolizantes económicos sufragados obligatoriamente por un pueblo sometido a cambio de fe y esperanzas de incierta gloria.

Pero al margen de su icónica portada, la relevancia de un disco como éste para la memoria popular se aclara en el prólogo que firma Miquel Calçada en la carpetilla interior. En dicho texto, el otrora Mikimoto –y hoy influyente comisario cultural– recuerda que, estando en la escuela, tuvo el privilegio de conocer la historia de Catalunya a través de este trabajo. La importancia de tal hecho fue capital si nos situamos en una época en que el gobierno franquista había escatimado (si no silenciado) a toda una generación su propia historia pasada. Un disco como éste vino a ocupar ese hueco, sobre todo cuanto a lo que se refiere respecto a la derrota catalana frente a las tropas borbónicas cuyo inútil yugo, por cierto, aun a pesar de extintores de elefantes abdicantes, perdura todavía por linaje plebeyo sin fecha de caducidad. +info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno