Angelita Montoya

Versos olvidados, GNP Producciones, 2017

La trianera Angelita Montoya apuesta en este su primer disco por homenajear a las poetisas de la generación del 27. Es una cantaora que lleva tiempo en el escenario (toda una vida) y acompañada con la música del compositor y pianista Alejandro Cruz Benavides se atreve con un disco sincero que no sólo reivindica esas mujeres que difícilmente serán reconocidas por el gran público, sino que además consigue que los cantes tradicionales tengan trajes nuevos con que lucirse. Es un tema que siempre tiene sus detractores y sus partidarios, en mi caso si las letras no destrozan la música o la minimizan, siempre agradezco que nuevos poemas amplíen los repertorios. Empieza le disco con unas alegrías, Mi galera de oro (Josefa Pardo de Figueroa) no podía escoger mejor palo que las alegrías para hablar de playas y mares, en la guitarra mi admirado Rycardo Moreno jugando junto al piano de Cruz Benavides a armonizar sabores. Después vienen dos canciones, Tu cuerpo moreno (Ana María Martínez Sagi)  y Mi ambición cantar (Carolina Valencia) ambas sirven para que Angelita Montoya se luzca con mucho espacio para su cante, un cante que bebe de la tradición de la canción española o hispanoamericana cuándo esta está cerca del flamenco pero es más canción. Pero cuidado cuándo ya me estaba creyendo que las canciones iban a ser lo tónica general aparece La Pescaora (Concha Méndez) y en esta soleá la Montoya deja claro dónde ha aprendido los cantes, de casta le viene al galgo. Ahora en la guitarra está Raúl el Perla que introduce como debe ser la enorme soleá. Aquí solo está la guitarra y la voz y te puedo asegurar que no hace falta nada más, grandes los dos. Risas y besos (Zenobia Camprubí) son unos tangos simpáticos dónde colabora Alba Molina (Angelita Montoya empezó con Lole y Manuel)  los arreglos de Benavides dan dos espacios muy diferentes al tema y es una canción que seguro que alcanzará éxito. Después una zambra, Cancionero de mi tierra (Casilda de Antón del Olmet) vuelven a la intimidad del dúo (ahora es el piano y la voz) creo que es un formato que le sienta muy bien a la zambra, de nuevo la voz de Montoya suena segura (parece que tenga 20 años más de los que tiene) se encuentra muy a gusto en este tipo de composiciones, seguro que en directo puede atrapar a cualquier público. Le dedica el siguiente tema al desaparecido Manuel Molina, unas bulerías, No quiero mirar atrás (Gloria de la Prada)  Otra vez El Perla a la guitarra y las palmas esenciales de Manuel Valencia y Dani Bonilla. Son unas bulerías con un tiempo que se acerca a las bulerías por solea. Muy bonitas. Romance del Sur (Mª Teresa Roca de Togares) vuelve Rycardo Moreno a la guitarra, acompañado ahora al bajo por Juanma Ruíz más el piano de Benavides la percusión de Moreno y el baile y los nudillos de Pepe Torres, uno de los temas más complejos e interesantes, una seguirilla que (como ya sabes es un cante libre) pero en este caso con toda la sección rítmica marcando tan profundamente el compás produce una sensación muy interesante, y por encima de todo la voz de Angelita Montoya, gitana y trascendental. Para terminar el tema que da título al disco Versos olvidados (Cristina de Arteaga y Alejandro Cruz Benavides) unos fandangos con unos arreglos de cuerda muy interesantes, Montoya los ralentiza, ayudada con la precisión del piano de Benavides, hasta que los coros los llevan a la tradición más onubense y ese estribillo es el que se queda como recuerdo de un disco sincero y necesario. Un disco que gana mucho cada nueva escucha. + info