Ambrose Akinmusire

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Ambrose Akinmusire

“The imagined savior is far easier to paint” Blue Note, 2014

Quién fuera ganador de la Thelonious Monk International Jazz Competition y la Carmine Caruso International Jazz Trumpet Solo Competition se muestra como un afilado trompetista con la cabeza bien amueblada. Ya dejó claro por donde iban los tiros en su ópera prima Prelude … to Cora, editada en el año 2007, y también en el posterior When the heart emerges glistening, álbum publicado en el año 2011 por la prestigiosa discográfica Blue Note Records, que no dudó en echarle el guante ante el talento derrochado. La música de este californiano nacido en Oakland destila un impresionismo y una poesía de ambientes nocturnos que irradia una gran personalidad interpretativa. En este sentido The imagined savior is far easier to paint es un disco de lo más cinemático. Presenta un desarrollo propio de una película, con su presentación, nudo y desenlace, y recurre a distintos ambientes que basculan entre la laxitud y la tensión. Así Marie Christine, la pieza con la que abre fuego, se inicia con un espectacular solo de trompeta con un veloz fraseo de lo más elocuente y aires post-bop. El piano de Sam Harris apenas se hace oir entre la diatriba sonora de los pistones de Akinmusire, que presenta credenciales de forma arrebatadora. As we fight (willie penrose) carga con fuerza gracias al empuje de la batería de Justin Brown, el bajo de Harish Ravaghan, la guitarra de Charles Altura y el saxo tenor de Walter Smith, y acredita una agilidad compositiva similar a la del maestro Charles Mingus. Con Our basement el tercer tema en liza recurre a la voz de Becca Stevens, un número calmado entre sedoso e intrigante en el que las formas melódicas de la invitada apuntan en cierta manera a la impostura de la islandesa Bjork. A continuación Vartha dibuja una balada de aires tristes con vetas de requiem que va ganando en intensidad y vuelo a medida que avanza. Memo recupera el pulso y la intensidad con la palpitante e incisa batería de Justin Brown y el desbordante discurso del protagonista que se mide sin arrugarse en un duelo al sol con el saxo tenor. La guitarra no se queda atrás y planta cara con un fraseo efusivo. The beauty of disolving portraits, una de las canciones más líricas del disco, comienza de forma vaporosa con una reverberante y mistoriosa capa cargada de tintes enigmáticos, y reúne a invitados, esta vez la violinista Brooke Quiggins Saulnier y la violista Kallie Ciechomski, que pronto ceden el relevo a Ambrose con su entregado hacer. Este tema recuerda en cierta forma esa manufactura nórdica a lo Jan Garbarek en sus discos para el sello ECM. Asiam, otro número etéreo y de belleza sibilina recurre a otro invitado, el cantante Theo Blackmann, con un estilo sobrio y deudor del de Chet Baker. Bubbles retoma las pulsaciones con un brío controlado y un tiempo medio de aquiescente post-bop. Ceaseless Inexhaustible Child vuelve a un intimismo casi silencioso, y con la poderosa y seductora voz de Cyntoia Brown, que crea un gran contraste entre la ductilidad de la música y las templada interpretación al micrófono. Es otro número nocturno sutil en el que Akinmusire deja caer algún que otro malabarismo puntual con su traviesa trompeta. Rollcat for those absent, de las piezas más cinemáticas y experimentales del álbum, cuenta con la cándida lectura infantil de Muna Blake y el mellotron de Sam Harris, que le da un aire de lo más espectral. J. E. Nilmah se inicia silente, casi muda, y va ganando voz y cuerpo en su parte central, cargada de una abstracción de lo más arrebatadora y con el inciso y procaz hacer de los timbales de Justin Brown, y los malabarismos arriesgados de Akinmusire en un lenguaje próximo al free-jazz. Inflated by Spinning abre fuego con el cello de Maria Jeffers y el acompañamiento posterior del violín y la viola de las que se hizo mención en líneas anteriores. Es un tema que retrotrae al third-stream y que tiene guiños a Messiaen y Artvo Pärt. El disco se cierra con Richard, un extenso tema donde los músicos se sueltan el pelo y exhiben su virtuosismo sin contenciones en un arrebatado ejercicio de post-bop. La extensa lista de agradecimientos, entre los que figuran Herbie Hancock, Wayne Shorter, Archie Shepp, Nicholas Payton o Roy Hardgrove, no hace más que demostrar la gran permeabilidad de un músico que no renuncia al riesgo ni a la modernidad, sin perder por ello de vista el legado de otros grandes atemporales. Savia fresca y sin complejos con una gran personalidad. + info I Relacionados I Miguel Ángel Sánchez Gárate