Festival Alamar 2011

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Festival Alamar 2011

Almería. Del 11 al 18 de junio de 2011

Una nueva edición del Festival Alamar se ha celebrado entre el 11 y el 18 de Junio, con la programación de diversos conciertos gratuitos, en lugares emblemáticos de la ciudad de Almería. Artistas procedentes de los más diversos rincones del planeta, llenaron la Plaza de la Catedral y la Plaza Vieja de las llamadas músicas del mundo, de las que pudieron disfrutar más de 9.000 personas.

El primer concierto programado fue el de Anxo Lorenzo Band. Este gaitero gallego, se acompañó de una banda formada por Xose Liz alalamar-2 bouzouki, Álvaro Iglesias al contrabajo, Luis Peixoto al cavaquiño, mandolina y una gran variedad de instrumentos de percusión y el violinista irlandés Eoghan Neff. Toda una conexión celta, en la que se interpretaron muñeiras gallegas, música tradicional irlandesa, escocesa, galesa y hasta portuguesa. Su repertorio se basó en su primer trabajo discográfico, Tirán, además de canciones que serán incluidas en su siguiente disco. Alma de pedra, The Ivory Lady o Road to Errogie fueron alguna de las piezas interpretadas, ante un público que no paró de aplaudir al ritmo de la música. Muy divertido y cercano, este gallego se metió al público en el bolsillo, al reconocer su admiración por Almería, tierra del indalo, la alcazaba y los gurullos como comentó, y al subir al escenario al gaitero almeriense Luis Fer para colaborar con él, todo un detalle.

El segundo de los conciertos fue el más multitudinario, al ser el artista más conocido por el público en general. El que fuera cantante de elbicho, Miguel Campello, presentaba su primer disco en solitario Chatarrero, acompañado de una banda en la que destacaba la presencia del inefable Tino Di Geraldo, productor del disco, al bajo.  Junto a ellos estuvieron Víctor Iniesta, también componente de elbicho, a la guitarra, Gaspar Fernández a la batería, José Mestre a los teclados y Fernando Fevier a la percusión. En esta nueva etapa Campello se presenta más introspectivo, temas con tempos más lentos, con un flamenco, perfectamente adaptado a su excepcional voz, fusionado con rock, pop y toques jazzísticos, dejando a un lado el rock progresivo de elbicho. En un concierto de más de 2 horas, algo habitual en este artista que parece no tener fin cuando se sube al escenario, interpretó todas las canciones de su nuevo trabajo, mientras bebía vino y fumaba sin parar. Amanece, Calavera, las cálidas Carita Cansá o De La Elvira que emocionaron, o Chatarrero, fueron algunas de ellas. Pero claro, el público le pidió los clásicos de elbicho y nos dejó De los malos, Parque Triana y Letras. Finalmente para despedirse, hizo una versión acapella de Locura, cerrando este concierto en un día triste para éste que escribe, pues se apagó para siempre la voz de uno de los mayores genios de la música malagueña. Rockberto, vocalista de Tabletom, nos dejó huérfanos y desde aquí me gustaría rendirle un modesto homenaje.

El fado fue el protagonista del tercero de los conciertos de Alamar. Fado, pero muy especial, al ser la primera intérprete que lo hace en castellano. La donostiarra afincada en Lisboa, María Berasarte ofreció un excepcional recital, de los mejores de ésta edición, en el que presentó su primer trabajo discográfico, Todas las horas son viejas. Estuvo acompañada por David González a la guitarra clásica, José Luis Montón a la flamenca, Jorge Tejerina a las percusiones, Gorka Hermosa al acordeón y Fernando Judice al bajo acústico, que fueron entrando y saliendo del escenario según los requerimientos del tema a interpretar. Tremendamente simpática y gestual, María Berasarte además de fados  se adentró en su faceta flamenca, no en vano ha colaborado con gente como Javier Limón o Diego “El Cigala”, interpretando temas como La Tarara. Un gran sabor de boca el que nos dejó.

alamar-1El cuarto de los conciertos fue el más curioso del festival, protagonizado por el israelí Liron Man. Junto a Ángela Solís, viola y voz, Carlos Merino a la percusión y Ricardo Piñero al contrabajo, nos presentó el instrumento denominado hang. Creado en unos laboratorios suizos como resultado de 25 años de investigación, es un instrumento metálico de percusión, con dos caras con diferentes sonoridades, con el que Liron Man interpretó un variado repertorio, basado en músicas de Israel, India o Irán. Uno de los puntos álgidos fue la salida de la bailarina María Sahara, aunque fue cuando el israelí se marcó unas geniales bulerías, el momento en el que arrancó la mayor ovación de la noche.

Para la quinta actuación se presentó el  espectáculo “Zambra Morisca” con la presencia de la tetuaní Samira Kadiri y la onubense Rocío Márquez, junto a un grupo de virtuosos músicos, entre los que destacó el violinista Nabil Akbib. Con el denominador común de Al-Andalus, fusionaron el flamenco con el canto morisco-sefardí, uniendo las dos orillas del Mar Mediterráneo. Samira Kadiri demostró con su actuación, interpretando músicas como el mawal morisco, el gharnati o las saetas andalusís, por qué es considerada una de las mayores artistas de todo el Mediterráneo, mientras que Rocío Márquez se lució con las saetas andaluzas o las seguiriyas, uno de los palos más antiguos del flamenco. La joven cantaora cerraba sus ojos y mostraba todo su duende en sus magistrales interpretaciones. Aunque los momentos más mágicos se producían cuando doblaban sus voces, perfectamente compenetradas, al ritmo marcado por los músicos.

Y finalmente, el sexto y último concierto de Alamar, el más espectacular de todos, fue el protagonizado por Dobet Gnahoré. La excepcional artista costamarfileña ofreció un completo espectáculo en todos los sentidos. Una potente y sugerente voz, un físico impactante, que le permite realizar unas coreografías excepcionales, con bailes y saltos espectaculares y una simpatía desbordante, le hicieron ganarse el respeto y la ovación de los asistentes. Se vivieron momentos muy dulces en los que vibramos y otros, en los que la energía que desprende nos incitaba poderosamente al baile, en un viaje a través de las músicas africanas. Rumba congolesa, ziglibití marfilense, músicas zulúes o bitkusí camerunés fueron algunas de las muestras que nos dejó Dobet, acompañada de un trío de músicos, guitarra, bajo y batería, que conjugaba con instrumentos africanos de percusión, todo ello con una influencias jazzísticas y europeas muy latentes. Enorme el cierre de esta edición del festival Alamar, una acertada apuesta del Ayuntamiento de Almería, que fue nuevamente un éxito tanto de público como de contenidos. Relacionados | Fotos y texto: Eduardo G. Magaña

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