Al Tall

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Al Tall
L’Auditori,Barcelona. 14 de Febrero de 2013

Parece un contrasentido que en un momento en que las reivindicaciones sociales y políticas están al orden del día, y en el que la gente está movilizándose como no lo hacía desde mucho tiempo atrás, un grupo como Al Tall, líder durante muchos años de las reivindicaciones ciudadanas, decida acabar su carrera, después de 38 años, en unas circunstancias como las actuales, y con un recital que tuvo un aire absoluto de necesidad de la protesta.

Más de dos mil personas se reunieron en L’Auditori de Barcelona con un espíritu festivo, pese a ser un concierto de despedida, rendidos a sus ídolos, esperando oír esas canciones que, durante muchos años a algunos, y como descubrimiento más reciente a otros, les habían acompañado. Como una fiesta que era, fueron muchos los músicos que quisieron estar con Al Tall en el escenario; tantos que Vicent Torrent, llegó a comentar que iba a hacer falta un semáforo para poder moverse por él.

Jordi Fàbregas , director del CAT presentó el concierto, que habían organizado los festivales Tradicionarius y BarnaSants conjuntamente, y Al Tall atacó con su Toc de marxa. Inmediatamente empezaron a incorporarse los convidados, Miquel Gil, cofundador del grupo, casi omnipresente en escena; el propio Jordi Fábregas, Jaume Arnella, Xavi Sarrià i Miquel Gironès de Obrint Pas, Francesc Ribera Titot, Jan Maria Carlotti, Manel Maró, Jaume Ayats, Xavier Sola, Miquel Gironès, Xavi Sarrià… que se unían en diferentes temas a los actuales miembros de Al Tall, Vicent Torrent y Manuel Miralles, creadores del mismo junto al citado Miquel Gil, además de Jordi Reig, Miguel Blanco, Vicent Cortina, Enric Banyuls, Xavier Ahuir, Josemi Sánchez, Maribel Crespo, José V. Alonso Morillo. Si añadimos a las cuatro dolçaineres, que dirigía Pau Puig, y a un conjunto de viento, liderado por Eladi Reinon, con casi 30 músicos en escena, la broma del semáforo se justificaba. Y aun así, echamos especialmente en falta a dos músicos, que por diferentes motivos, han sido muy importantes para Al Tall: Maria del Mar Bonet y Eliseo Parra.

Entre los temas, durante las más de dos horas y media que duró el evento, todo el repertorio que los asistentes esperaban. Algunos momentos muy emotivos como cuando se interpretó A Miquel Grau a capella y se invitó a subir al escenario a la mujer y al hijo del desaparecido Enric Ortega, autor de la letra que explica el asesinato de aquel joven durante la transición; también a capella un tema nuevo, Liberanos Domine, larga y jocosa letanía donde aconsejaban a la alcaldesa de Valencia seguir las huellas del Papa o las de ellos mismos y retirarse; impresionante la marcha mora de Xavier el Coixo, con todo el Auditori en pie, siguiendo el compás; el Tio Canya, que explica las vicisitudes que tiene un valenciano con el idioma castellano, y que dijeron, mientras enviaban recuerdos al ministro de cultura, que desgraciadamente es un tema que está aún vigente; El cant dels Maulets y Això és Espanya, esta última con la letra puesta al día, marcaron los momentos más reivindicativos del concierto. Fueron muchas más las canciones que un público insaciable, con la coletilla repetida de “una cançoneta i nos anem …” (una cancioncita y nos vamos) iba arrancando, ya en la tanda de bises, a los cantantes, que se despidieron, ahora sí, con el toque de dulçaines de La Muixaranga, con la gente puesta en pie y reivindicando todo lo reivindicable y más.

Desde su primera grabación allá en el 1975, Cançó popular al País Valenciá, Al Tall tenía claro que su opción estaba en la línea de la riproposta, representada por grupos como la Nuova Compagnia di Canto Popolare, de Eugenio Bennato; pero a diferencia de aquellos, no querían únicamente recuperar repertorios antiguos, sino cambiar la visión de la música tradicional como algo pasado de moda y “hacerla apta para el consumo normal del siglo XX, sin coloraciones ni vestidos folclóricos”, como explicaban. Y es posible que una de las claves de su renuncia a los escenarios esté en una idea que Vicent Torrent expresaba: “Se ha avanzado mucho: la capacidad de improvisar con patrones tradicionales, la manera de construir los arreglos con imaginación… En todo caso, ahora echo un poco de menos que los grupos toquen canciones populares, que lleguen a la gente, porque el folk se ha hecho un poco elitista”.

Ellos, durante el recital nos dijeron que nos dejaban sus canciones, que siempre estarían entre nosotros; que ya tenían una edad y que querían dejar paso a gente más joven; y, especialmente, hicieron hincapié en que: ‘Com diuen al meu poble, ja hem arribat on anàvem’ (Como dicen en mi pueblo, ya hemos llegado a dónde íbamos) Al Tall se despedía satisfecho del trabajo hecho; de la coherencia de sus propuestas a lo largo de todos estos años; y, supongo también, de que estos últimos recitales que están ofreciendo como despedida por diversos escenarios estén teniendo una acogida tan entusiasta.

La gente salía de la sala contenta; tarareando alguno de los temas que acababa de oír; con la convicción de haber vivido un momento histórico; pero también con la sensación de que, con la retirada de Al Tall, se acaba una forma de comunicación, de complicidad, de protesta, de reivindicación; en fin, una forma de vivir la música, que ha formado parte de la historia de este país. + Info | Texto y foto: Federico Francesch | DESAFINADO RADIO