Agustín Carbonell “El Bola”

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Agustín Carbonell “El Bola”
SFB El Dorado 25 de febrero de 2015

Sabía El Bola dónde actuaba y el motivo, seguimos en este ciclo especial Lo Morente, que tan buenos momentos está ofreciéndonos este invierno. Pero el guitarrista madrileño, aun que había acompañado en tres discos al maestro, no venía como acompañante de nadie sino como concertista, y como tal quiso dedicarle la noche a Don Ramón Montoya. Arrancó con unas mineras, sin lucimientos, trabajando los cantes de Levante desde la negritud, desde la profundidad del que sufre. Enseguida se fue a las alegrías, aquí estaba más cerca de su tío abuelo Sabicas, aquel gran guitarrista que tuvo que triunfar en  Amércia para que aquí se le hiciese caso, así somos de ingratos. Hizo la granaina de Ramón Momtoya y el público estaba como en una ceremonia, disfrutando de un sonido angelical y viendo como la mano izquierda del tocador podía ir más rápido que la vista. Siguió una soleá y si alguien hubiese pagado la luz del escenario hubiese jurado que había dos guitarras. Comentó El Bola, que estaba disfrutando de poder no sólo tocar la obra de Don Ramón sino ensalzar su figura, de hecho el guitarrista sacó al mercado hace unos años un libro disco titulado El Sueño de Don Ramón Montoya. Siguió con una Pardiña y una Rondeña también de Montoya. El sonido era excelente, la guitarra sonaba increíble y algunas notas parecían quedarse flotando en el ambiente de la sala, como si quisieran ir mezclándose con lo que seguía sonando, una magia particular difícil de explicar, algo así como el duende. Hizo un par de temas suyos, una solea titulada Paralelos, composición compleja diferente a lo que estábamos escuchando, compleja y atractiva, como era de esperar tratándose de un músico que está acostumbrado a colaborar con músicos de las más diversas culturas. Siguió con otro tema que dijo haber empezado a componer en una ciudad japonés, nos habló también de su estancia en Brasil, y quiso terminar la noche con la farruca de Montoya. No sin antes explicarnos que de hecho la composición era de Miguel Borrull, pero que Montoya era el que la había subido al cielo, en la farruca quedó demostrado una vez más que no hay cantes grandes ni chicos, la farruca sin duda no parece a priori tan complicada armónicamente como la Siguiriya, pero escuchándola como la tocaba El Bola me emocionó como pocas veces me ha pasado. El público puesto en pie, pedía más.  Un cabal le pidió tangos, El Bola gracioso comentó que si argentinos o de los nuestros, y dijo que prefería cerrar por bulerías. La verdad es que la elección era lo de menos, lo importante es que se estuviese un ratito más. + info | relacionados | Candido Querol       

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