Acid Arab

Caprichos de Apolo, 3 de julio de 2017.

Llegaban precedidos por su gran éxito en el Sonar del pasado año, además de grandes alabanzas de la critica especializada. Así que había expectación por verlos. Y no defraudaron. De nuevo los Caprichos de Apolo se apuntaron un tanto.
Para quien no los conozca decir que tras Acid Arab se encuentra un dúo parisino formado por los músicos y productores Guido Minisky y Hervé Carvalho que nacieron con una premisa muy sencilla: tomar los sonidos de la tradición de Oriente Medio y Norte de África (percusiones, cuerdas, cantos) y aproximarlos a los patrones de la electrónica más moderna y bailable.
Vaya por delante su propia definición que puntualiza que “no se trata de fusión de músicas, ni de mezcla, sino de un encuentro. Estamos fascinados por las músicas orientales que llevan a los bailarines al trance, igual que lo hace el Acid House”. De ahí se entiende que se llamen Acid Arab y que tengan ese espíritu de unir diferentes culturas para llevarlas a nuevos espacios.
Creo que no le faltamos al respeto si los referenciamos a The Chemical Brothers o a The Prodigy.
De hecho su puesta en escena en la Sala Apolo se completó con un efectivo show de humo, láser y luces (a veces en exceso blancas) y una enorme, digamos bola, con espejos interiores que ayudaba a enfatizar sus arabescos ambientes musicales. A diferencia del Sonar en el que actuaron de día, el hacerlo en una sala cerrada, aunque no estaba abarrotada, pero con un público cercano y con muchas ganas de fiesta, hizo que todo saliera redondo.
Venían presentando su primer disco Musique de France (cuyo título marca una declaración de intenciones) y lo hicieron apoyados magistralmente por el teclista argelino Kenzy Bourras y habitual acompañante de Rachid Taha.
Sin mediar palabra fueron soltando sus rítmicos y ondulantes loops y cuando nos dimos cuenta ya nos habían dejado una intensa, sugerente y gozosa sesión de hora y diez minutos “non stop”. En ella habían tomado las raíces musicales más dinámicas de la música gnawa subsahariana, del chaabi marroquí y egipcio, del dabke libanés, del raï y medahat argelino (por nombrar algunos estilos) y las habían empalmado en bucles que no alargaban en exceso, pero con una intensidad fenomenal. Además, en determinado momentos, aceleraban los tempos para acabar con esas celebradas explosiones de ritmos. A destacar ese vibrante Theme de aires persas y que fue una de las primeras composiciones que se conocieron de ellos, o el infalible La Hafla que tanto recuerda a la Orchestre National de Barbes.
Si se dan una vuelta por su facebook, asusta la cantidad de fechas que tienen para todo este verano. Pero volverán por aquí, seguro. +Info | Relacionados | Miguel Amorós

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