Accademia del Piacere

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Accademia del Piacere
«Las idas y las vueltas», Alqhai & Alqhai | Diverdi 2012

 

Entiéndase por canciones de ida y vuelta aquéllas que, tras la conquista de América, sufrieron una profunda mutación en sus formas, letras o instrumentación, enriqueciéndose por el camino de las culturas sonoras del otro lado del Atlántico. Así, no es tan raro encontrar similitudes entre jácaras, guarachas, chaconas y guajiras, con respecto a tanguillos, bulerías, fandangos, jotas y siguiriyas, por ejemplo. La selección que propone la Accademia del Piacere, de hecho, levanta un puente entre el Caribe y Cádiz, saltando en la distancia tanto como en el tiempo.

Partiendo principalmente de piezas anónimas y tradicionales de los siglos XV a XVII, los hermanos Fahmi & Rami Alqhai (ambos destacados intérpretes de vihuela y viola da gamba) plantean aquí una interesante –pero demasiado breve– hibridación entre la música barroca y flamenca. Estructurado en tres partes –una integrada por las “raíces” (los temas acreditados como más antiguos), otra por danzas populares, y un tercer bloque de flamenco puro, con el protagonismo casi absoluto de guitarra y cante jondo–, Las idas y las vueltas se acompaña además de un documental en DVD sobre el proceso de grabación, más una carpetilla diseñada e ilustrada por Miguel Brieva.

Los arreglos de Fahmi, director del proyecto, apenas dejan margen a la distinción entre géneros, lo que reafirma la comunión entre épocas y mundos a través de la cultura musical. Como apunta el subtítulo del disco, se trata de una colección de “músicas mestizas”, aunque debe matizarse ese concepto. En unos cortes, el flamenco se impone sobre los aderezos barrocos; en otras ocasiones, es al revés. La mixtura, por tanto, no es del todo completa, pese a que el resultado sea tan notable. Si bien el término más apropiado sea el de “diálogo”, otras bandas han obtenido mejores logros en ese empeño, como es el caso de L’Arpegiatta de Christina Pluhar, La Chimera de Eduardo Egüez, Infinimúsica de Manel Gascón, o Hespèrion XXI de Jordi Savall.

La referencia al maestro catalán no es nada baladí. Los Alqhai, discípulos de éste, han reciclado parte del repertorio habitual de Savall y Montserrat Figueras, como ¡Ay, que me abraso!, No hay que decirle el primor y el Romance del Rey Moro, mezclada aquí con una sentida granaína a cargo del Arcángel. La participación del cantaor junto a los coros de Mariví Blasco, la guitarra de Miguel Ángel Cortés, las castañuelas del Chupete y las percusiones de Pedro Estevan (un feliz “préstamo” de Savall) dan fuerza a la dimensión flamenca, pero le roban los papeles al resto de la Accademia. Esto se evidencia sobre todo en el último tercio del disco, de aires más festivos, pero también en las soberbias Folías y la ristra de coplillas sobre la base de unos Jaleos que marcan el ecuador del CD.

Puestos a imaginar, ¿qué hubiera hecho el añorado Enrique Morente con una selección como ésta? La pregunta asoma ya en el primer minuto, mientras suena una Toná a pelo con repique de campanas de fondo, un experimento de fusión al que era tan dado (y tan bueno) el genio de Granada. Pero a continuación de ésta aparece La Spagna en una lisérgica versión que bien podría estar incluida en un LP de folk hippy de los años ’60-’70 del pasado siglo. Ésa hubiera sido quizá la mejor senda de mestizaje que el grupo podría haber trenzado; a partir de ahí, sin embargo, el flamenco gana la partida. Y de calle. | +info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno