A la Burguesa

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A la Burguesa
Teatre Akademia. Barcelona 26 de marzo de 2015

Arthur Schnitzler es el autor del relato corto que da origen a, A la Burguesa. El autor austríaco que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX, crítico con la sociedad vienesa que le rodeaba, con obras tan notables como el monólogo de La señorita Else o, la más famosa, La Ronda, que fue llevada al cine por Max Ophüls, propone, en este texto, un juego de intercambio de roles que, como no puede ser de otra manera, acaba bien. Y es también en este juego donde todos los participantes de la representación han entrado, para conseguir ese efecto de banalidad que se quiere lograr, pero una banalidad con un trasfondo más que evidente.

La historia, en sí, es simple: Unos ricos burgueses que, como se aburren, se hacen pasar por gente humilde, más, ¡Oh Destino !, surge el amor… Pero es el tratamiento de la misma la que la transporta a otra categoría. Los directores, el músico Dani Campos, y el letrista, en este caso, David Pintó, han creado una especie de opereta de dos actores, y dos músicos, donde esa manera algo cínica y gamberra, como ellos mismos califican la forma de ver la realidad de Arthur Schnitzler, queda absolutamente reflejada.A la Burguesa4

Para ello es necesario, primero, un texto base interesante, que lo tienen; una configuración de la puesta en escena que potencie este texto, lo cual han conseguido sus directores; y, por supuesto, una labor actoral de primera línea, que, aquí, es indudable.

El Teatre Akademia, otro de los pequeños locales, en tamaño, no en calidad, que han surgido en estos últimos años en el entorno teatral, ha apostado por una producción de primera magnitud. Partiendo de una escenografía, a cargo de Jordi Bulbena, con la iluminación de Xavier Gardés, el vestuario de Míriam Compte y la caracterización de los personajes creada por Núria Llunell, todos ellos impecables, llenos de pequeños detalles que las potencian; han creado el entorno idóneo para facilitar la labor de los dos actores, la  versátil Laia Piró, en el papel de Josephine Weninger, y el aparentemente más débil personaje de Alfred Von Wilmers, interpretado por Albert Mora. Ambos consiguen, cosa harto difícil, que teniendo sus papeles momentos de gran lucimiento, el uno no eclipse al otro; además de saber conjugar su doble faceta de actores y cantantes, casi triple si contamos los continuos movimientos de escena que realizan, bajo las ordenes de la coreógrafa Montse Colomé; haciéndonos vivir de una forma natural en el despacho de uno, en la cámara de la otra, en el baile de máscaras, en el parque o en las agrestes montañas, todas las vicisitudes de la trama. A todo ello hay que unir la interpretación en directo de la música, a cargo de Josep Ferré al piano y Ana Fernández Pellicer al violín, que incluso en algunos momentos se constituyen en participes directos de la obra.

Con todos estos factores a favor, además de una música adecuada, posiblemente más brillante en los fragmentos más ligeros, y un texto adaptado a las canciones de forma impecable, potenciado, como hemos dicho, por los actores que los interpretan, se consigue que este musical de pequeño formato, donde prima el humor, pero que no olvida la reflexión sobre la gran farsa de los protagonistas, que esperan lograr la felicidad renunciando a sus prebendas, pero que solo la encuentran cuando las recuperan, sea uno de los espectáculos más interesantes de la cartelera, y que esperamos tenga, con todo merecimiento, una vida más larga de la prevista inicialmente. +Info | Fotos: Dani ÁlvarezFederico Francesch | DESAFINADO RADIO