3MA

3ma.jpg 3MA

Caixa Forum. Barcelona

5 de abril de 2009

Si tengo que definir este concierto con un solo adjetivo, elegiría el de mágico. Desde su inicio fue como sumergirse en un universo sonoro que no obedecía a las leyes naturales. Aunque quizá primero debería explicar que hay detrás de ese enigmático nombre. 3MA es la asociación temporal de Ballaké Sissoko, Rajery y Driss El Maloumi. Cada uno de ellos es maestro en su instrumento y procede de un país diferente. Ballaké viene de MAlí y la kora es su herramienta vital. Rajery procede de MAdagascar y la suya es la valiha. Y Driss nació en MArruecos y aporta el ud. Como veis los nombres de los tres países comienzan por MA, así que el nombre del trío queda claro. La idea del proyecto partió de Rajery tras compartir escenario con el gran Toumani Diabate en el festival de Timitar en Agadir (Marruecos) allá por 2006. Al poco tiempo lo hizo con Driss y ya no se pudo resistir y les propuso crear el trío. Dado el apretado calendario de Toumani, fue su amigo y primo Ballaké quien le sustituyó. Cada uno de ellos tiene y mantiene su proyecto en solitario, ya de por sí atractivo, pero juntos ese efecto se multiplica. Y según cuentan no fue tarea sencilla el unir sus tres instrumentos de cuerda ya que la valiha es cromática mientras que la kora y el ud son diatónicos. Además tuvieron incluso que cambiar su estilo de pulsación y adaptarse para crear ese lenguaje común. Muchas horas hicieron falta para que surgiera un disco que bajo la sigla de 3MA (Contre Jour / Harmonia Mundi, 2008) uniera sus tres mundos sonoros. Pero el resultado, sobre todo en directo, es deslumbrante. En este concierto se situaron en línea y separados apenas un metro uno de otro. Ballaké a la izquierda, Rajery a la derecha y Driss en el centro. Este último fue el encargado de dirigirse al público. Lo hizo en inglés, tras disculparse por no hablar ni castellano ni catalán. Explicaba a veces la idea general de la canción o algunas anécdotas curiosas y divertidas como el irónico tema sobre los políticos africanos y por extensión de todos los políticos que hablan mucho sin decir nada. Aunque tampoco hacían falta explicaciones, sus instrumentos hablaron, cantaron y encantaron por ellos. En hora y media y con los sonidos cristalinos y evocadores que extrajeron de esos prodigiosos instrumentos africanos, nos trasladaron a esos lugares que uno solo puede visitar con la imaginación, por ejemplo, cuando lee su libro favorito. Como buenos compañeros, se repartieron el protagonismo y hubo momentos para cada uno de ellos. Hubo solos, duetos y todas las posibles combinaciones. A veces uno de ellos creaba la melodía y los otros dos la reforzaban poniéndose a su servicio. Y lejos de parecer una exhibición de virtuosismo, fue una demostración de armonía entre los tres. Repasaron casi todo ese disco homónimo, que recomendamos fervientemente, y solo cuando acabó nos dimos cuenta que seguíamos en este otro mundo real. // Miguel Amorós.