20ª Fira Mediterrània de Manresa


20ª Fira Mediterrània de Manresa
Del 5 al 8 de octubre de 2017

Una nueva edición de la Fira Mediterrània de Manresa [FMM], la de este 2017, que nos ha dejado la sensación de haber asistido a algunos de los espectáculos más interesantes de los últimos años, siempre teniendo en cuenta, que, por la enormidad de las propuestas que ofrece, sólo hemos podido ver una pequeña parte de éstas. Tanto espectáculos que están en gira que se acogían a la FMM, o, mejor dicho, que la fira acogía, como otros que, a lo mejor de forma más adecuada, estaban presentes como novedades, en el caso de los geográficamente cercanos, o como propuestas que llegaban del exterior, difíciles de ver en otras circunstancias.

Una cosa que diferencia esta FMM de otras es que la ciudad de Manresa se ve invadida por esta declaración de artes populares llenas de imaginación que representa el certamen. No solo son los lugares donde los artistas que se consideran más conocidos, en el sentido mediático, y que pueden atraer a más gente, los que funcionan y se llenan de espectadores. Entre los espectáculos que se ofrecen en las calles, los más de veinte escenarios, entre cerrados y al aire libre, en el que se desarrolla hacen que el ambiente festivalero se traslade a toda la ciudad.

Y en la calle hemos podido asistir a espectáculos circenses, juegos tradicionales, danza, actuaciones musicales, fanfarrias itinerantes, e incluso tradiciones tan arraigadas como puedan ser els castellers o la audición y baile de sardanas, aquí tratadas como un espectáculo.

Así, entre las actuaciones musicales que pudimos ver, estaban Aqueles, un trio vocal de canción occitana con un repertorio de temas de entreguerras que ellos visten de una forma particular y llena de humor; Entre orillas, una acertada mezcla entre la canción flamenca junto a la música cubana, que representan, respectivamente, la cantaora Cristina López y la cantante Yadira Ferrer —a destacar la colaboración de Angela Furquet cantando junto a ella, a capela, siguiendo, las tres, el ritmo con sus manos percutiendo sobre una mesa improvisada—; Menace d’éclaircie, una fanfarria contemporánea que utiliza instrumentos tradicionales como el acordeón o la gaita bretona, entre otros, para ofrecernos su original repertorio de temas modernos, con grandes dosis de humor y divertidas coreografías; o la Banda de Música de Binissanet, que se paseaba por las calles junto a la Mulassa, una recién llegada al bestiario tradicional, al ritmo de sus músicas festivas.

La danza también invadía las calles, como el Ball dels Cercolets de Valls, recuperación de la manera más fiel posible de un antiguo baile originario de las fiestas de la vendimia; Roberto Olivan que trabajaba el movimiento junto a la música electrónica y la polifonía tradicional; o La Cia. Maduixa y sus bailes reivindicativos sobre el papel de la mujer en la sociedad, que realizan sobre zancos.

Pudimos ver teatro ambulante con, entre otros, Xip Xap teatre, que con sus marionetas, y acuando ellos mismos, nos traían una divertida alegoría participativa sobre las trashumancia del ganado; o Engruna Teatre que pusieron la nota escatológica con su espectáculo dedicado a los caganers, transportando, con ellos, una caca gigante que iban paseando por toda la ciudad.

También el circo estaba presente: Amer i Àfrica Circ, con el trabajo de equilibrio y fuerza donde la pareja se ayudaba de enormes balas de paja para representar irónicamente la estupidez de la naturaleza humana; Circ pánic, con Jordi Panareda haciendo un juego de equilibrios desde una gran balanza donde oscila, gira, baila…; o Cirque Rouages que presentaba su número de funambulismo, lleno de música y poesía.

Pero mientras, con todos estos espectáculos, se mantenía el espíritu festivo en la calle, algunos de los más interesantes se producían en lugares cerrados. La inauguración oficial de la FMM la protagonizaba, en la sala grande del Teatre Kursaal,  el espectáculo Saba!. Un encuentro irrepetible de decenas de artistas, prácticamente todos nacidos más allá del 1982 , que, partiendo de diferentes tradiciones, están buscando, y en muchos casos consiguiendo ya, tener una visión propia y actual de la música de raíz. Empezó el espectáculo con Maria Arnal y Marcel Bagés interpretando un tema de Ovidi Montllor y otro basado en poemas de Joan Brossa. Fue como un aperitivo, donde la fantástica voz de la cantante destacaba, como siempre lo hace, sobre una guitarra distorsionada y electronificada que, por momentos, tomaba un protagonismo tal que llegaba, incluso, a tapar la voz de ella. No volverían a salir a escena, al contrario de los músicos que fueron interviniendo después que sí que lo harían en varias ocasiones. La lista es larga. Empezaba la menorquina Joana Gomila con su grupo para luego aparecer Pau Figueras, que tras ofrecernos uno de sus temas con la guitarra, se quedó acompañando a Judit Neddermann, añadiéndose posteriormente la gralla y el acordeón diatónico de Criatures, para dar paso a Manu Sabaté, luego a Riu y su música atlántica-mediterránea. Era entonces la Ruzaca Folk Jazz Orquestra [RFJO], dirigida por Sergi Vergés la que entraba en acción. Primero acompañada de Joana Gomila, nuevamente en escena, cantando La gata i el belitre; después el pasodoble Totsquiets [todos quietos]; y, con Xavier de Betera, toda una referencia dentro de los intérpretes del cant d’estil valencià,  que, por cierto, ofreció uno de los momentos más entrañables cantando la Dansa del Vetlatori [danza del velatorio], que siempre emociona al que la escucha; la RFJO se había ampliado, desde hacia un rato, con Pau Figueres, Manu Sabaté, otros miembros de los grupos que habían pasado ya por el escenario y con los jovencísimos músicos de la Escola Folk del Pirineu. Y así, los más de cuarenta interpretes que llenaban el escenario, esta vez también Judit Neddermann,  junto a los otros dos cantantes, nos ofrecieron, como momento apoteósico, una pieza, creada para la ocasión con el nombre de Suite Saba!, que culminó esa presentación que auguraba, como así fue, una FMM más que interesante.

En la Taverna, otro de los escenarios, se desarrollaba la final del concurso Sons, con las fantásticas Balkan Paradise Orchestra [BPO], justas ganadoras del mismo, con un proyecto de música balcánica interpretada con instrumentos de viento y percusión, manejados por ocho jóvenes artistas que, tanto en el escenario, como aquí era el caso, como en los espectáculos en la calle, como hemos podido comprobar en otras ocasiones, transmiten su alegría con un sonido impactante fruto de su calidad instrumental, a pesar de su juventud. Todo esto quedó patente al final del concierto, con Evenu shalom alejem, cuando hicieron levantar a los espectadores, literalmente, de sus asientos.

Maria Monda son tres portuguesas que trabajan de forma cuidadosa en la investigación vocal, consiguiendo un espectáculo de canto polifónico apoyándose en la percusión, especialmente panderos cuadrados que ellas mismas tocan, y con un breve encuentro con la flauta y el acordeón. Temas antiguos y tradicionales del repertorio de la Península Ibérica, con algunos otros de su propia autoría, incluso del espectáculo infantil A Monda, que ellas mismas protagonizan, combinados para conformar un concierto donde sus magníficas voces brillan convenientemente, como así fue en los temas Modinha das Saias, de Dulce Pontes, Menino de oiro de Zeca Afonso o Sino da mina aldeia de Fernando Pessoa y Rodrigo Crespo. Un grupo que está a punto de grabar su primer disco, como nos dijeron luego, gracias al premio Adriano Correia de Oliveira logrado en su país; un trabajo que, después del magnífico directo que vimos, ya tenemos muchas ganas de escuchar.

Misia era una de las artistas que más interés había despertado, con su trabajo, Para Amália, un regalo —que no un homenaje, como ella especificó desde el escenario— para la mejor cantante de fados de todos los tiempos. Acabado el concierto se confirmó que el interés que había suscitado estaba totalmente justificado. Algo más de dos horas donde la artista fue desarrollando un repertorio basado, principalmente, en temas que había interpretado en algún momento Amalia Rodrigues, algunos de ellos compuestos por la mítica cantante, junto a otros que se referían a ella, algunas letras también de Misia, y algunas concesiones, entendemos que estaban dedicados al lugar del concierto, como su versión de La Gavina. Todo ello aliñado con frecuentes, frecuentísimos y divertidísimos, comentarios de la artista, que también servían, aparte de los fragmentos de su vida que explicaba, como información respecto a las canciones que iba presentando. Primero apareció en escena con su pianista desde hace más de 30 años, dijo, el napolitano Fabrizio Romano, con el que hizo la primera parte del recital —explicaba que Amália Rodrigues siempre estudiaba los temas con el piano, y luego los preparaba para acompañarse con las guitarras—, con temas más íntimos que ellos dos transformaban, por momentos, en una mazurca, un aire al estilo de Debussy, o cualquier otra posibilidad que entroncase con la canción que iban a interpretar. Aquí demostró lo que ya sabíamos: una voz preciosa, una sensibilidad a flor de piel y un gusto musical excelente. Tras ello, y siguiendo la artista al mismo nivel de inspiración, entraron en escena dos jovencísimos guitarristas que substituyeron a partir de ese momento a Fabrizio Romano que se volvería a unir a ellos al final del concierto. Un final memorable con su emblemática Lágrima, que nos dejó a todos pegados a las butacas hasta que finalizó y el teatro explotó en aplausos con el público puesto en pie.

Maika Makovski reivindica en CarMenKa sus orígenes andaluces y macedonios gracias a sus dos abuelas, Carmen y Menka. Un nutrido grupo de artistas la acompañaba, también mezclados siguiendo la idea del espectáculo. Una Maika Makovski especialmente activa, disfrutando en la escena, y acompañada por unos excelentes músicos, entre los que queremos destacar, especialmente, a la cantante Paula Domínguez, ejerciendo aquí de cantaora, que fue largamente aplaudida en sus intervenciones. Un espectáculo muy interesante que nos gustará volver a ver para poder acabar de juzgarlo en su justa medida.

N3erdestian es una mezcla de sonoridades que, acompañando al cantante marroquí Walid Benselim, le rodean de electrónica, sonoridades étnicas, rap, y poesía árabe. Todo ello, a nuestro gusto, un poco precipitado, confiando mucho en el carisma del cantante, dando la sensación de que el resto del grupo iba un poco a su aire, potenciando especialmente los aspectos más comerciales, lejos de la sensibilidad que le preveíamos a la propuesta.

Otra de las sorpresas, al menos para nosotros porque, mea culpa, no teníamos noticias de ellos, fue la del dúo de los músicos de Salerno, Rachele Adrioli e Rocco Nigro. Acompañándose del acordeón de Rocco Nigro, Rachele Adrioli interpretó temas de su segundo disco, con incursiones al primero que publicaron, y algún adelanto de su tercer trabajo que, según nos explicaban ellos dos, verá la luz sobre el mes de marzo. Temas tan bellos, y tan tristes, como Pisce Spada [pez espada], o tan divertidos como Sceccareddu Mbriacu [asno borracho], con una taranta absolutamente imposible, por el ritmo endiablado de la melodía, en un crescendo vertiginoso, consiguieron contagiar al publico toda la fuerza que este dúo transmitió en un concierto imprescindible.

Raúl Rodríguez presentaba su segundo trabajo en solitario, Raíz Eléctrica con una Taverna absolutamente repleta. Como siempre consigue, la complicidad con el público fue absoluta desde un primer momento. Quien no lo ha visto nunca se sorprende, se enamora de su música, de sus letras, de su entrega, de su potencia, de su calidad. Quienes lo conocemos, además de esas sensaciones que nos darían un primer contacto, podemos descubrir nuevos e interesantes caminos en sus propuestas. Este segundo trabajo, como su nombre indica, tiene una incidencia mucho mayor en la parte eléctrica —«Hasta Mario Mas se ha comprado un amplificador», bromeaba el cantante en el escenario—, esta vez sustituyendo en muchas ocasiones el tres flamenco que creó para Razón de Son, el trabajo anterior, por un tres eléctrico creado para esta ocasión. Con un acompañamiento de verdadero lujo: Mario Mas a las guitarras, Aleix Tobías a la batería, Guillem Aguilar al bajo y Pablo Martin Jones al cajón, repasó su nuevo disco, con temas tan redondos como La lengua corta o Yo voy vendiendo candela, mezclados por momentos con temas de su anterior trabajo, para acabar con una electrizante canción, con un público entregado por completo.

Rocío Márquez es de esas cantantes inconformistas con su arte. Ella podría explotar esa fama que tiene, merecidamente, como una de las mejores intérpretes del cante flamenco en la actualidad y acomodarse a ello. Pero nada más lejos de sus intenciones y voluntades, porque parece que en esa fórmula casi circense del más difícil todavía, es donde ella se realiza creativamente. Este último salto mortal lo ha dado junto al sevillano de origen sirio-palestino Fahmi Alqhai, uno de los intérpretes de viola de gamba más famosos del mundo, acompañados en Manresa por Rami Alqhai a la viola de gamba y Agustín Diassera a las percusiones. Un ejercicio de máxima sensibilidad, en estado puro. Momentos como su versión de El cant dels ocells, Si dolce è’l tormento de Claudio Monteverdi, o Bambera de Santa Teresa, se mezclaban con una colombianas majestuosas, o unas peteneras llenas de sapiencia, culminando con una seguiriya —«Ahora voy a lo mío», dijo la artista—, para culminar de forma brillantísima una de las actuaciones que, junto a algunas otras ya citadas, justificaban largamente la FMM.

Esta mezcla de tradición y patrimonio, con toda la innovación y experimentación posible, junto a una mirada hacia el futuro, desde ese Mediterráneo, en el sentido más amplio del término, que le da nombre, eran los ejes sobre los que quería pivotar este año la feria, lo que ha conseguido con creces. Del aspecto más profesional solo deciros que se han acreditado más de 1.100 profesionales, con 45 estands y diversas actividades de información e intercambio. Y en cuanto a la asistencia de público a los conciertos, más de 9.000 entradas vendidas. Lástima que, como comentaba en un artículo hace poco, yo no tenga el don de la ubicuidad, porque, por desgracia, no tuvimos más remedio que escoger y, por ello, dejar de ver muchas cosas a las que nos hubiera encantado poder asistir. No obstante, el balance de la Fira Mediterrània de Manresa de este año, para nosotros, ha sido más que positivo. La nueva cita es para el 4 de octubre de 2018; allí estaremos. + Info | Relacionado |  Texto y Fotos:  Federico Francesch | DESAFINADO RADIO