2014 Barcelona capital de la Sardana

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La Santa Espina
BTM, Barcelona. 15 de marzo de 2014

A nadie en su sano juicio va a sorprenderle que, coincidiendo con los festejos del Tricentenario de los hechos convulsos de 1714, y bajo el amparo omnipresente de quienes gobiernan a uno u otro lado de los relativos márgenes que cada cual se quiera imponer, Barcelona haya sido nombrada Capital Mundial de la Sardana. A tal fin se han organizado un sinnúmero de actos por toda la ciudad a lo largo del año en curso.

El 8 de marzo se inaugurará oficialmente el programa de actividades con un pregón del escritor Màrius Serra, acompañado por la Cobla Sant Jordi-Ciutat de Barcelona. A partir de ese momento, la Ciudad Condal será invadida por rotllanes, aplecs y coblas por doquier, siendo la interpretación íntegra de La Santa Espina la punta del iceberg de un ciclo que, por descontado, no pasará desapercibido.

Es importante situar a cualquier neófito/a en la materia, pues el género sardanístico obtuvo un máximo reconocimiento internacional que, por circunstancias históricas de sobras conocidas, se escatimó en los libros de historia de la música editados durante las dictaduras de Primo de Ribera y Franco. Su época de mayor esplendor fue entre finales del siglo XIX y principios del XX, introduciéndose en los grandes espectáculos lírico-operísticos de la mano de autores como Enric Granados, Jaume Pahissa o Enric Morera. Incluso un compositor de indudable prestigio como Richard Strauss cayó rendido ante este género musical en su apretada visita a Barcelona en 1925, como después pasaría también con Benjamin Britten (en 1936) y Anton Webern (en 1932 y 1936), mientras Arnold Schönberg se instalaba en el barrio de Horta (entre 1931 y 1932). La sardana, a través de la ópera cantada en catalán, se nutriría por aquel entonces de influencias foráneas: los dramones italianos, la pomposidad wagneriana, la zarzuela española…

SardanaLa Santa Espina, con música del citado Morera y libreto del prolífico Àngel Guimerà, fue una de las obras magnas de este paso de la sardana hacia el sinfonismo. En su argumento, de temática fantástica, conviven toda clase de referentes simbólicos (brujas, sirenas, caballeros medievales, payeses y, cómo no, la majestuosa orografía de la montaña de Montserrat) inspirados en la idealización del pasado patrio, tan evidente en la poesía de Joan Maragall, Jacint Verdaguer y Apel·les Mestres. Pero en el caso que nos ocupa, servían al pueblo como metáforas liberadoras a través de la imaginación en tiempos políticamente muy delicados con respecto al gobierno central. Tanto es así que, en el día de su estreno en 1907, la platea del Teatre Principal de Barcelona se puso en pie al unísono para cantar a coro el penúltimo de los veinte cuadros que compone la totalidad de la obra. Ése fue, según consta en la prensa del momento, el instante que marcó a toda una generación: cuando un público visiblemente entregado y emocionado compartió los versos “som i serem gent catalana”, ante la acojonada mirada de las autoridades allí presentes. La obra fue adquiriendo cada vez más fuerza y notoriedad como himno de identidad nacional durante los años siguientes, y tras más de doscientas representaciones, en 1924 se ordenó la prohibición sistemática de su interpretación pública por transmitir “odiosas ideas y criminales aspiraciones”, según palabras textuales de quien firmó ese edicto vil, el general Losada. Desde entonces, nunca más volvió a tocarse íntegramente La Santa Espina

Han tardado casi un siglo en corregir esa afrenta y romper ese tenso silencio. Recuperado en formato concertístico para la ocasión, la Orquestra Simfònica del Vallès –con la dirección de Rubén Gimeno– y la Coral Polifònica de Vilafranca recuperarán la partitura original de Morera junto a las voces de Anna Alàs (mezzosoprano), David Alegret (tenor) y Enric Martínez-Castignani (barítono) el próximo 15 de marzo en el Barcelona Teatre Musical de Montjuïch. La cita será, sin duda, una cuenta pendiente con la historia. Y no sólo por motivos musicales. +Info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno