Dancing with frogs

 

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Dancing with frogs

Temporada Alta.
El Canal, Salt 13 de octubre de 2017

En el instante que acababa la representación de Dancing with frogs, con los espectadores, entusiasmados, aplaudiendo de pie y los bailarines, cansados y más que satisfechos, saludando, recordé una imagen de niño, cuando venían los grandes circos a Barcelona y se presentaban como un espectáculo con dos pistas que ofrecían dos números simultáneos. Lo que acababa de ver era la cara, o la cruz, de la moneda que con W.W. (We Women), Sol Picó había lanzado al aire como una reflexión sobre la naturaleza femenina, siendo ahora la masculina la protagonista. Y pensaba en las dos pistas simultáneas, porque ver los dos espectáculos de forma paralela para irlos comparando, para entender los contenidos de uno y otro, como esa cara y cruz de la moneda, que antes decía, nos podría dar muchas pistas sobre la idea global que ha llevado a la coreógrafa a hacerlos realidad.

Son dos mundos distintos y complementarios“, declaraba hace poco Sol Picó. Y para ello, igual que hiciera en We Women, ha basado su trabajo en una serie de improvisaciones que, una vez configuradas definitivamente como cuadros que se van sucediendo, le han servido para hacer una reflexión sobre lo que significa en el siglo XXI la masculinidad, como hiceira anteriormente con el papel de la mujer. Una masculinidad que se encuentra, a veces, potenciada y en otros momentos denostada; pero siempre cuestionada, sino por los hombres mismos, si por la sociedad que los rodea, que tanto les exige, como les juzga; les prohíbe, como les permite; los potencia, como los castra; creando esa variedad masculina, a veces confusión, que ella nos presenta en la obra.

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Son siete los intérpretes que están en escena, sin contarla a ella misma. Siete hombres entre 27 y 55 años, de los que solo cuatro de ellos son bailarines, Guillermo Weickert, Junyi Sun, Daniel Corrales y Valentí Rocamora —aunque bailarines, bailarines, según Sol Picó, solo hay dos—; está también el tenor Antoni Comes —al que hemos visto en espectáculos de Carles Santos—; el actor Elías Torrecilla; y el compositor Pere Jou —alma mater del grupo QU4RT PR1MERA—. En un principio, Sol Picó, no se había planteado salir a escena junto a ellos, como hace en unas cuantas ocasiones, pero quería, ha declarado, mostrar también su parte masculina, integrándose en algunos de los momentos más divertidos del espectáculo, como cuando cuenta su historia con su pene y un sapo, o cuando les pide a los bailarines, de forma insistente, que adopten el modo príncipe.

Todos ellos se mueven en un espacio diáfano y amplio —la sala de El Canal era ideal—, rodeados de algunos objetos, muchos de ellos reciclados, además de los instrumentos musicales siempre presentes, o el gran tótem que se mueve o preside la parte superior del escenario, que adopta diversas funciones —un singular botafumeiro, o una presencia fálica, que casi tiene vida—, dentro de una escenografía que, nuevamente como ya hiciera en We Women, ha creado Joan Manrique, con un vestuario de Valeria Civil y el trabajo escultórico del simbólico elemento de Nico Nubiola.

Como explica en el programa, ella baila, o hace bailar a una serie de sapos, a lumbersexuales, neo-macarras, metrosexuales y andróginos; estereotipos todos de la masculinidad. Y con esos prototipos son con los que ella ha investigado, como también explica en el programa, sobre el patriarcado, lo hiper-viril, la testosterona, la violencia, el mariconeo, el niño adulto, la fragilidad, el privilegio y la carga, la ternura, la simplicidad, la imagen arquetípica del caballero, su relación con el folclore popular, el poderoso contra el oprimido, los abdominales de gimnasio, el bueno, el feo y el malo. Para ello crea esas escenas que van desde una feria-subasta de hombres de todo tipo; el hombre blandengue que define El Fary, en contraste con el Torito guapo; las procesiones de Semana Santa; el fútbol; Bambi y Darth Vader; la violencia grupal; la ambigüedad dubitativa; la fuerza bruta; o el desespero.yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Dancing with frogs

Para poder representar todas aquellas sensaciones dentro de los diferentes cuadros que propone, ha contado con ese grupo de intérpretes absolutamente entregados, que no solo bailan o cantan, sino que actúan, porque la obra, como otras muchas de Sol Picó, se mueve en un entorno que mezcla diferentes aspectos artísticos sin respetar los límites, fijándolos éstos solo en la necesidad que tiene de utilizarlos para que llegue su mensaje. Incluso les ha hecho bailar en puntas. Decía: “Ha sido una de las cosas más difíciles. Ellos, pese a quedarles las uñas  magulladas, quisieron superar esta durísima prueba de fuego“.

¿Qué nos quiere mostrar en su espectáculo? Esencialmente, cómo es el hombre del siglo XXI, que se espera de él, como ha de ser su supuesta masculinidad y como lo vive y lo sufre él mismo. Y lo hace con esa mezcla de humor —un humor sin contemplaciones, muchas veces— y de reflexión —con momentos duros—, que ella siempre impone en sus trabajos. Volviendo a sus palabras, dice: “Quiero lanzarme a una aventura ácida, sucia, alocada, divertida y tragicómica“.

A modo de reflexión final, ligando esa imagen de las dos pistas donde se representarían We Women y Dancing with Frogs simultanemente, Sol Picó, a través de las ideas que en ambas subyacen, afirma: “Todos podemos cambiar. Tanto a mujeres como a hombres nos queda un amplio camino por recorrer“. Para ese camino, la coreógrafa ha ido preparando una senda que nos ayuda, a través de su magnífica propuesta artística, a esa reflexión que, si no nos va a aclarar definitivamente las cosas, al menos nos va a hacer  pensar en este mundo donde hombres y mujeres han de convivir. + Info | RelacionadoFederico Francesch | DESAFINADO RADIO

 

 

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